Los factores que hacen que muchas calles tengan pozos se relacionan con la falta de mantenimiento en algunos casos y en otros, con una base mal hecha. A su vez, las reparaciones no están siendo efectivas.
Los hay de distintas dimensiones; también de variado origen y hasta existen los que son arreglados con frecuencia y con la misma periodicidad se vuelven a abrir. El tema de los baches no falta en ninguna conversación entre vecinos. Esporádicamente se ven cuadrillas haciendo reparaciones pero no es permanente el mantenimiento. Si lo fuera, aquello que empieza con un agrietamiento, no llegaría a bache y mucho menos a pozo. A su vez, es también habitual ver que se vuelven a dañar las mismas arterias que fueron reparadas. ¿Será por la calidad de los elementos o la idoneidad en la tarea? Hay también cierta obstinación en incurrir en mismos errores. Por citar un caso: el paso vehicular de la Peatonal. En una primera instancia fue hecho con el mismo pórfido de toda cuadra. Sin mucha lógica, ya que no es lo mismo tolerar el tránsito de personas que de autos y camionetas. Como era de suponer, las baldosas se fueron levantando según pasaron los meses. Y cuando finalmente se hace la reparación, se vuelve a poner pórfido, el cual como era de esperar ya está presentando los mismos síntomas.
En general, los factores que hacen que muchas calles y avenidas tengan pozos tienen relación con la falta de mantenimiento. En pavimentos añosos el desgaste de la carpeta hace que en ciertos puntos se abran grietas que finalmente terminan siendo baches. Cuando se los arregla, generalmente con asfalto caliente, con la primera lluvia posterior empieza nuevamente la erosión. Son situaciones recurrentes en infinidad de calles.
Otro de los problemas es cuando por algún motivo se debe romper un pavimento para encontrar alguna falla subterránea, y en ese lugar prácticamente de por vida va a existir un pozo, porque tras ser tapado, al poco tiempo volverá el problema.
En otros casos, por ejemplo, cuando se trata de pavimentos rígidos, el desgaste suele empezar por las filtraciones por las juntas, y esto se produce porque no se hace el mantenimiento eficiente (tomado de juntas) con brea.
También existen inconvenientes cuando las bases no son lo suficientemente sólidas y al poco tiempo de aplicarse la carpeta asfáltica, comienzan a emerger los problemas. Esto suele suceder en los barrios nuevos.
Dos casos puntuales
Hoy nos vamos a detener en dos casos puntuales, con baches que son de vieja data, ubicados en prácticamente dos extremos de la ciudad.
Uno de ellos es en la zona sur, sobre la avenida Liniers, a metros de su cruce con la avenida Ernesto Illia. En realidad casi todo el tramo de Liniers está en malas condiciones, con un pavimento hecho hace varias décadas. Pero en ese sector se advierte una erosión desde afuera hacia el centro que forma baches de importantes dimensiones. El conductor que sabe de su existencia lo evita, pero los desprevenidos pueden caer en una verdadera trampa. Y quien hace las maniobras para esquivar el daño, puede ocasionar un mal mayor en el tránsito.
Otro de los casos es en la zona de avenida Ameghino casi Diego de la Fuente, donde hay, entre otros, un gigantesco pozo que es arreglado con cierta frecuencia, pero que se vuelve a abrir sin solución de continuidad. Está demarcado para que los conductores tengan precaución al pasar, pero no pareciera ser esa la solución sino un arreglo definitivo, que debería venir acompañado por alguna intervención que resuelva el acopio de agua que se genera en Ameghino con apenas un par de milímetros, ya que la acumulación de agua es también un factor de rotura del asfalto. Esta zona ha crecido mucho en número de habitantes y es evidente que las obras de desagüe no han seguido el mismo ritmo.
Días pasados los vecinos, entre la bronca y la ironía, aludieron con un cartel que la zona estaba habilitada para la pesca.
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