Occidente calificó como "un acto de provocación" la puesta en órbita del Kavoshgar-3, anunciada cuatro días después de que Washington acelerara el despliegue de defensas antimisiles en el Golfo Pérsico para contener los planes nucleares de Teherán.
Minutos después de que se conociera la noticia, el presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad inauguró tres nuevos proyectos para la construcción de satélites de telecomunicaciones, bautizados Tolou, Navid y Mesbah 2. Este último es un satélite de telecomunicaciones que girará en la órbita inferior y que, de acuerdo con la televisión estatal, será capaz de dar una vuelta al planeta cada dos horas, aunque aún está en construcción y todavía no se ha fijado fecha para su lanzamiento.
Flanqueado por el ministro de Defensa, Ahmad Vahidi, el mandatario exhibió la maqueta de la "primera lanzadera de satélites construida íntegramente por Irán", de nombre Simorg (Ave Fénix en persa), que "puede propulsar satélites a unos 500 kilómetros de altura. Una vez que hayamos logrado lanzar satélites a una distancia de mil kilómetros ya no tenderemos limitaciones y podremos enviarlos adonde queramos", aseguró antes de reiterar los fines pacíficos del proyecto.
El anuncio se produjo en un momento crucial para la República Islámica, que el 11 de febrero celebrará el 31º aniversario de su fundación sumida en una crisis política desde la cuestionada reelección de Ahmadineyad. Las protestas populares que se repiten desde hace siete meses, la división política y social que generó la represión y la crisis económica que sufre el país marcan un momento delicado para el régimen de los ayatolás, que en los últimos meses profundizaron su enfrentamiento con las potencias occidentales.
Países como Estados Unidos, Israel, Francia, Alemania y el Reino Unido acusan al régimen iraní de ocultar bajo sus planes de desarrollo atómico con fines civiles un proyecto de aplicaciones bélicas cuyo objetivo final sería la adquisición de un arsenal nuclear, una acusación que Irán rechaza.
El conflicto se agravó a fines de 2009 después de que Teherán rechazara una propuesta de Washington, París y Moscú para enviar al exterior su uranio a un nivel de 3,5% y recuperarlo enriquecido al 20% en las condiciones necesarias para mantener operativo su reactor nuclear civil. Estados Unidos amenazó con imponer nuevas "severas sanciones" a Irán, en particular a las empresas que vendan gasolina. Esa alternativa cuenta con el apoyo de sus aliados occidentales pero es rechazada por China, que es favorable a continuar el diálogo con Teherán.
Golpe de efecto contra los talibanes
Estados Unidos prepara una megaofensiva contra un bastión talibán en la provincia afgana de Helmand, que empleará a miles de marines apoyados por cientos de soldados afganos. Así, la Casa Blanca espera derrotar al millar de milicianos que controlan la ciudad de Marjah y recuperar la iniciativa militar después de un año en que las acciones de la insurgencia pusieron en duda el rumbo de la campaña aliada. La zona de los combates es semidesértica, salpicada por valles fértiles e innumerables canales de riego. Según el Ministerio de Defensa afgano, el objetivo es "separar" allí a la población civil de los insurgentes. Las tropas ya lanzaron dos grandes ofensivas en el verano de 2009, antes de las elecciones presidenciales de agosto, para desalojar a los talibanes del norte y el sur de Helmand. En los próximos meses, los refuerzos elevarán a casi 140 mil el número de efectivos extranjeros desplegados contra los talibanes.
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