Tres adolescentes fueron gravemente golpeados por una patota a la salida de un colegio platense. La gresca comenzó en el interior de la escuela, pero ante la desidia de las autoridades de la institución, el conflicto se resolvió a las piñas en un parque cercano.
NOVA entrevistó a dos de los jóvenes salvajemente golpeados y al padre de uno de ellos, Néstor, quien indicó que iba a hacer la correspondiente denuncia para que la Justicia tome cartas en el asunto, ya que las autoridades del colegio no pudieron asegurarle que su hijo pudiera concurrir a las clases de forma segura.
Según relataron los problemas surgieron tiempo atrás por diferencias en el modo de relacionarse, uno son más tímidos y otros más extrovertidos, y ante la diversidad de gustos musicales, lo que los separa grupalmente. Los adolescentes, señalaron que los chicos que los golpearon siempre buscan excusas para molestarlos y maltratarlos.
En esta ocasión, el motivo habría sido una chica, que habría incitado a que dos de los chicos se enfrenten. La primera pelea se desarrolló en uno de los recreos de la jornada escolar del pasado jueves, en la escuela n°56, Leopoldo Herrero, ubicada en 22 y 63.
Si bien esta primera rencilla fue presenciada por un preceptor, que los separó, no se tomaron medidas que implicaran una sanción a los protagonistas o tendientes a evitar hechos similares en el futuro.
Tal fue el grado de la indiferencia de los responsables de la escuela, que el conflicto siguió a la salida del colegio, en la vereda. En este segundo encuentro, intervino un profesor, que fue golpeado por uno de los adolescentes, quien además perdió el casco de su moto, porque fue arrojado al piso y quedó inutilizable. Sin embargo, el docente, además de separarlos, no hizo mucho más para evitar que la gresca continuara. Muy por el contrario invitó a que los jóvenes dirimieran sus problemas en el parque, argumentando que en la escuela había muchos chicos.
La cita se concretó en el Parque Castelli, 25 y 66, donde Ezequiel, el joven protagonista de las dos primeras discusiones se enfrentaría con uno del otro grupo, como lo había hecho anteriormente. Sin embargo, para su sorpresa, aparecieron siete más, entre ellos, un joven de 20 años.
Ante este panorama, se sumó un amigo de Ezequiel, Juan Manuel, quien convocó a un tercero para que viniera a “ayudarlos”, Brian. La pelea, de todos modos, estaba desbalanceada. Se enfrentaron 8 contra 3 y estos últimos fueron claramente perjudicados.
Los tres adolescentes terminaron con heridas en la cara, el cuello, el torso y las piernas, porque no sólo fueron golpeados con los puños, sino que recibieron patadas tras ser tirados en el piso, donde además fueron aporreados con palos y piedras.
Los adolescentes denunciaron a NOVA que están cansados de las amenazas, agresiones verbales y físicas. E indicaron que no hay grandes problemas, sino que cualquier cosa o diferencia es suficiente para que el resto busque pelearlos y golpearlos.
Néstor, el padre, agregó que fue a hablar con la directora del establecimiento, Elvira Lorman, quien no le extendió una solución real al problema. Según dijo el hombre, la autoridad máxima del colegio, se comprometió en hacerle llegar un programa de clases domiciliarias para que su hijo, Ezequiel, no quedara libre en las clases, ya que el adolescente no quiere volver al colegio por temor.
El hombre reclama que se encuentren mejores soluciones para que su hijo pueda asistir regularmente a las clases, sin poner en riesgo su vida ni su participación escolar.
En épocas donde diariamente los medios de comunicación muestran que la violencia escolar se ha intensificado en el último tiempo; la actitud del preceptor, profesor y directora, demuestran que las autoridades no sólo no están preparadas para hacerse cargo de este tipo de conflictos, sino además no quieren hacerlo, ya que “patean” el problema afuera. La preceptora hizo como si nada hubiese pasado, el profesor invitó a que trasladaran la pelea a otro lado y la directora no sólo no sancionó a nadie, sino que no hizo nada para evitar que el chico no pudiera seguir cursando las clases con normalidad.
Lo grave del caso es que no se trata de peleas aisladas entre chicos. Se trata, muy por el contario, de enfrentamientos desiguales, donde claramente no se miden las consecuencias.
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