Alejandro Awada reniega de la fama y se la juega por el autoconocimiento, también analiza la cultura en la década kirchnerista y arriesga un escenario para el 2015.
-Hablemos acá afuera, dice.
En realidad quiere seguir fumando. Se acercan dos muchachos y le piden otra foto. Posan los tres. Esta vez sí sonríe.
-Mejor vamos adentro.
Awada no tiene ganas de hablar, no me lo dice pero me lo hace entender, inmediatamente me borro de la cabeza cualquier pregunta relacionada con su hermana, Macri y las drogas: los lugares comunes aplastan, malpredisponen, especialmente para un actor que da una entrevista día por medio, es algo definitivamente insoportable, un periodista que llega a hacer preguntas en busca de palabras, anécdotas, sentencias para ventilar en los medios de comunicación, es raro que alguien tenga ganas de responder, pienso mucho en eso. Se acerca un mozo le ofrece un café, dice que no. Todo mal. Voy por la segura, el corazoncito K es comodín.
-¿Estabas escuchando a Cristina?
-Me encanta que ella hable y acomode los tantos. Hace rato que no hablaba. Estar escuchando que habla me da una enorme satisfacción, dice las cosas como son, Cristina habla en castellano, me encanta. Venía caminando, me paré en un kiosco de revistas a escucharla. Está hablando la nena, me dije, listo, está todo bien. Y seguí.
-Son 11 años de kirchnerismo. ¿Qué cambios reales ves en el circuito cultural argentino? ¿Cómo impactó el modelo en la forma de producir cultura?
-Esencialmente, se puso el caballo adelante del carro. A mí me gusta mucho lo que escribió Jauretche hace ya setenta años. Desde el punto de vista cultural se instaló desde un amplio sector de la Argentina esto que yo tanto añoro y amo que es lo nacional y popular. Pensar en argentino para argentinos. Esto lo instaló el kirchnerismo. Y cuentan conmigo en este sentido. Hubo una movida que no se comprendió porque las corporaciones trabajan para que esto no suceda, cuando [Guillermo] Moreno intentó a su manera, con sus virtudes y errores, que pensemos en pesos y no en dólares él contaba conmigo. Obviamente hay gente que boicotea el cambio, hay mucho cipayismo todavía. Insisto, el cambio es que pensemos en argentinos para argentinos. Y me seduce mucho que las generaciones que vienen ya lo tengan mucho más arraigado que nosotros.
-¿Y vos como canalizás el compromiso político desde tu trabajo como actor?
-Yo no abrazo ninguna ideología, pero por estructura limitada, soy un hombre mucho más del acá y del ahora, de lo práctico. De todos modos, entiendo que desde esa estructura no enfáticamente desarrollada hay un pensamiento propio que tiene muchas ganas de que vivamos en una sociedad mejor. Esto es social más que político. Y en lo social, más allá de mi voluntad, hay un compromiso que sí o sí está en cada uno de mis trabajos, siempre aparece algo de esto, cada tanto se dejan ver estos pensamientos. Una es por lo ofrecimientos y los trabajos en sí, y otra es por estructura: un gesto, una palabra. Siempre está presente el compromiso en mí y en el actor.
-¿Qué tenés que mejorar como actor?
-Todo lo que tenga que mejorar como persona. Primero está el hombre, el actor mejora si mejora el hombre.
-Muy bien, permiso, vamos a lo personal. ¿Qué tenés que mejorar como persona?
-Todo. Yo tengo un camino de evolución y voy a seguir evolucionando hasta que me vaya de este mundo. Tengo la intención de aprender y aprender.
-Entonces, me imagino, estás revisando tu trabajo constantemente.
-Yo te hablo ahora de la persona.
-Sí, es lo mismo. De una forma u otra estás analizando las mismas cuestiones.
-No. La persona escucha de verdad a aquellas personas que tienen buenas impresiones. Y me imagino que el actor también. Pasa que es un trabajo tan personal...
Awada hace una pausa y piensa, revisa lo que acaba de decir. “Esto es curioso, me parece que estoy descubriendo algo”, dice. Y sigue: “El que te ve de afuera te puede dar apenas una opinión porque los hilos los conocemos los hacedores. A vos te puede gustar o no un trabajo mío y yo te puedo escuchar, te puedo tener en cuenta, pero los resonadores son siempre muy personales. Y la creación es siempre muy personal y subjetiva. Lo que sí es cierto es que soy un jugador de equipo. Soy muy de trabajar en relación con la dirección y los compañeros. Y los escucho a ellos. Escucho lo favorable y lo desfavorable”.
-¿Incorporás lo desfavorable?
-En el trabajo me parece que no. Sí soy un actor que construye el personaje entre función y función, estoy atento a todo lo que sucede en esos momentos únicos e irrepetibles.
-¿Es necesario sufrir para construir en el arte?
-No. Dicen que Bach tuvo una vida maravillosa y súper feliz.
-Puede ser, pero es un ejemplo aislado. Hay muchos más que sufrieron como perros y su obra es maravillosa.
-Bueno, sí, pero no creo que sea por el sufrimiento. Creo en la creación de la mano del amor, es inevitable el dolor, pero el sufrimiento sí es evitable. ¿Abrazar el sufrimiento? No, por favor. Te la regalo. No creo en eso ni a trompadas. Creo en el amor, es la fuerza fundamental y movilizadora de todo el proceso creativo.
-¿Amor de a dos? ¿Amor propio?
-Amor de a dos. El amor es siempre con y en el otro. Empieza en uno y va hacia el otro. Si no es así, es otra cosa.
-¿Cómo te llevás con la fama?
-No soy famoso.
-Sí, sos famoso.
-No, soy un trabajador.
Awada se acomoda los puños de la camisa y expulsa una carcajada muy sonora. “Ahí tenés, anotalo, bancatelá. Anotá eso. No soy famoso, soy un trabajador”. Y sigue riéndose.
-Está bien, la anoto, pero en la puerta hay gente esperando para sacarse fotos con vos.
-Eso no es ser famoso, eso es ser conocido. La gente me conoce por mi trabajo. Ni remotamente me vas a ver caminando los caminos de la fama, porque no me interesan, porque no los conozco, porque no son para mí. Yo soy un laburante de mi profesión. Punto. Y bancatelá.
-¿Qué estarías haciendo si no fueses actor?
-Me imagino trabajando en el campo. Es una fantasía, tal vez voy al campo y vuelvo al día siguiente, pero siento que en el campo, en una quintita regando y sembrando, voy a estar bien. Esa imagen existe en mi cabeza, en mi pensamiento, capaz que no me la banco porque también soy muy urbano. Lo que sí sé es que no pude ser otra cosa que actor.
Pausa. En un tono más bien cómico Awada me pide que deje de revisar el papel con las preguntas que tengo preparadas. Lo dice textualmente así: “Dialogá conmigo la concha de tu hermana, rompé ese papel de mierda que tenés ahí”. Es una buena señal, digamos que muy buena, hasta siento que puedo preguntarle por Macri y su hermana, pero no, nada temas agotados, por el bien de todos.
-¿Cómo sos en el día a día? ¿Sos un tipo que necesita mucho o sos de los que se arreglan con lo que tienen?
-Hasta ahora, en mis 52 años, me pasó de todo. Me gustó gastar cuando tenía y me tuve que adaptar cuando no tenía nada. Hoy sólo tengo lo que deseo tener y no más que eso. Y me alcanza con una vida súper normal. No necesito fastuosidades, ni el consumo, ni el lujo. Sí algún viaje, pero todo súper normal.
-¿Cuál fue tu peor momento económico?
-Cuando tenía 20 años y decidí encaminarme a la actuación. De alguna manera intenté ganarme el mango con otras cosas. Y aprendí mucho. Fue más un acto de rebeldía que una elección. En ese momento yo no podía elegir. Yo veo a los pibes de ahora que ya saben lo que quieren y van en esa dirección.
-¿Y eso es bueno o es malo?
-Eso es maravilloso.
-¿Y los que no saben lo que quieren?
-Que investiguen mucho en sí mismos. Como dice Facundo Cabral: aquel que trabaja ocho horas en algo que no le gusta es un desocupado.
-¿Y el indeciso por decisión propia?
-Eso no existe.
-¿Cómo que no? Están los que eligen no elegir, son muy interesantes.
-Eso no existe. El indeciso padece su indecisión. Existe el deseo, pero no puede. Existe el miedo también, por eso se queda quietito.
-¿Miedo a qué?
-Al castigo supongo, no te olvides que vivimos en una cultura judeocristiana. El castigo funciona desde hace más de dos mil años.
-¿Vos creés que las instituciones religiosas están vigentes todavía?
-Hasta las pelotas, especialmente en la interna de cada uno, es cultural, es muy fuerte.
-¿Y a vos te pesó?
-Mucho. Muchísimo. Tuve mucho miedo al castigo. Aún hoy tengo miedos que no son reales.
-¿A qué?
-Miedo a la pobreza. Miedo a quedarme sin laburo. Fantasías que suceden en lo psíquico. Esas son herencias culturales milenarias. Y tuve que trabajar mucho conmigo para despejar esos temores psíquicos.
-Sé que hacés terapia hace años.
-Es mi lugar de reflexión.
-¿Nunca pensaste en dejarla?
-No, me gusta mucho ese lugar, aprendo mucho de mí mismo, es vital emprender el camino del autoconocimiento.
-¿El arte es un camino hacia el autoconocimiento?
-Para mí sí. Yo soy una persona que sube al escenario y deja el personaje arriba del escenario. Y quien confunde y ofrece el personaje tanto en el arte como en la vida hay algo que no comprendió. Al menos ese es mi punto de vista.
-Todo lo que dijiste es tu punto de vista.
-Inevitablemente.
-Te voy a preguntar por tu hermana y por Macri.
-¡Noooooooo!
El grito se escucha en todo el hall del teatro. Awada se quiebra en una carcajada.
-Era broma. Última pregunta. ¿Quién te gusta para el 2015?
-Hay varios que me gustan. Creo va a haber internas, si de ahí surge un candidato que nos representa ganamos caminando. A mí me gustan mucho [Florencio] Randazzo; el gobernador de Entre Ríos, [Sergio] Uribarri, y [Jorge] Capitanich. A Capitanich no lo conocía y ahora que lo escucho me doy cuenta que es un tipo interesante y con conocimiento.
-¿Scioli?
La pregunta queda flotando. Awada sonríe.
Fin de la entrevista.
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