Fue en Merlo. El agresor tiene 16 años. Su mamá dijo que no “quería lastimar a nadie”. Padres de otros alumnos denunciaron que era maltratado por sus compañeros. Pero las autoridades lo niegan.
Las autoridades del colegio, ubicado en De la Virgen 2260, hablaron de un hecho aislado e insistieron en que no era un caso de bullying. “Se está trabajando con los psicólogos que envió la provincia. Hay que preocuparse por la situación del menor y también del tratamiento psicológico de los compañeros que vieron el hecho”, dijo Ariel Aguillera, abogado representante del colegio. También la Dirección General de Escuelas, de la provincia de Buenos Aires, y el secretario de Educación de Merlo, Adrián Outeda, descartaron que sea un caso de bullying.
Pero un grupo de padres denunció que no se trató de un hecho aislado, y que el chico que disparó era víctima habitual de tratos violentos por parte de algunos de sus compañeros. Incluso se dijo que los alumnos de sexto año solían bajarle los pantalones delante de sus compañeras. También se supo que ya había llevado navajas y tijeras a la escuela y que estaba bajo tratamiento psicológico y con ataques de pánico. Pablo (se preserva su apellido por ser menor de edad) era reservado, pero buen compañero.
“Sacó el arma y apuntó contra la estufa del salón sin mediar palabras. Se ve que el chico se desbordó. Lo acosaban mucho y no soportó más”, dijo Julio Pérez, presidente de la comisión de padres del colegio. “Apuntó a todos los chicos, pero no insistentemente, no apuntó a alguien fijo”, dijo Pérez. El menor fue trasladado primero a una comisaría de Merlo, acompañado por su mamá, y después a la Fiscalía 5 de Morón, en donde declaró. Allí la madre contó que el arma “no pertenecía a la familia” y que su hijo “no quería lastimar a nadie”, pero admitió que el adolescente tuvo “brotes psicológicos y sufría alucinaciones”. Se inició una causa en el fuero penal juvenil por “abuso de arma y tenencia ilegal de arma de uso civil”. El chico no quedó detenido.
Algunas horas después del hecho, Pontevedra parecía haber acusado el impacto. Los padres fueron a la escuela a hablar con las autoridades. Y anticiparon que este lunes se concentrarán para pedir explicaciones. “No puede ser que se haya llegado a esto –confió una madre de un alumno–. Hace tiempo que venimos pidiendo controles, porque se sabía que esto podía llegar a pasar. Y terminó pasando”. “El lunes vamos a tener otra reunión. Yo creo que nos deben una explicación”, dijo Javier Verza, padre de otro compañero.
Las clases se suspendieron en el turno mañana, pero por la tarde se retomó la actividad. Y el lunes, los padres prometen reunirse. Otra vez, en la entrada del Instituto Rivadavia, sacudiendo las tranquilas mañanas de Pontevedra.
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