Avanza en Mar del Plata la inserción laboral de sordos e hipoacúsicos

La tarea la lleva a cabo la ONG “Manos sin Fronteras”. Varios de de los alumnos de su centro de alfabetización ya fueron contratados por empleadores locales. Están previstas más incorporaciones
En tan solo algunos meses de arduo trabajo, la ONG marplatense “Manos sin Fronteras” no sólo logró optimizar el nivel de comunicación y alfabetización de una veintena de sordos e hipoacúsicos, sino que además se encargó de conseguirle un trabajo estable a varios de los jóvenes que regularmente concurren a las clases que dictan los profesionales de la entidad, quienes prevén nuevas incorporaciones para las próximas semanas.

La dedicación y el esfuerzo de los traductores, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales y fonoaudiólogos se tradujo de inmediato en resultados concretos. Así, lo que alguna vez fue un lejano sueño, hoy es una realidad que con fundamento pueden celebrar los miembros del equipo.

La presidenta del Centro “Manos sin Fronteras”, Marta Britez, visitó ayer la redacción de El Atlántico para trasmitir las buenas noticias: el ciclo lectivo 2010 cerró con un balance por demás positivo respecto del nivel de aprendizaje en lo que refiere a la comunicación, pero además, varios jóvenes ya cuentan con una actividad laboral remunerada y estable.

El primero fue Jorge, quien fue contratado por una empresa de indumentaria cuya planta se encuentra ubicada en la zona de Jara y Libertad. “Ya está trabajando en blanco y está la posibilidad de que ahí mismo contraten algunos chicos más una vez que se termine la nueva planta que se está construyendo”, dijo la traductora de señas y presidenta de la entidad.

Lo interesante es el motivo por el cual Jorge reúne los requisitos para esta actividad laboral. “Las remeras que se confeccionan en el lugar se hacen en unos cuadros donde una vez pintada, la tela queda manchada y con un soplete hay que lavar a fondo el cuadro para poner otra remera. Ese ruido del soplete es insalubre para los oyentes, entonces con los chicos sordos ese problema no existe”, resumió Britez.

Sin embargo, afortunadamente éste no fue el único caso. Matías, Solange, Carlos (que comparte su lugar de trabajo con Damián) y Josefina, cinco jóvenes de entre 20 y 30 años con dificultades auditivas, fueron incorporados recientemente en un complejo de los ex combatientes de Malvinas ubicado en la Laguna de los Padres.

“Hay una pareja en el vestuario, en el de damas y el de caballeros, y otros dos chicos en el mantenimiento de lo que es la carpa, los bungalows y el resto del complejo. Están muy bien, cómodos, ganando su dinero y por supuesto muy felices”, explicó la presidenta de la ONG, quien adelantó que durante el 2011 “Manos sin Fronteras” continuará trabajando sobre la inserción social y laboral de sus alumnos.

Finalmente vale destacar que, de acuerdo con Britez, el encargado del complejo (Carlos) reconoció estar por demás conforme con el desempeño de los nuevos empleados. “Textualmente me dijo: 'Marta, gracias por hacerme conocer a esta gente tan maravillosa. Ojalá todos respondiesen de la misma manera', así que nos sobran motivos para estar más que orgullosos de lo que han progresado en estos meses y nos da fuerza para seguir mejorando”, completó.

Feria Navideña: primera experiencia

Doce jóvenes con dificultades auditivas participaron durante tres días de una feria navideña que se desarrolló en “Luna Valencia”, un espacio de eventos ubicado en inmediaciones a Puerto Cardiel, donde expusieron y comercializaron los productos que ellos mismos elaboraron, además de atender el “buffet” del lugar.

Fue la primera vez en la que muchas de estas personas tuvieron la posibilidad de vender y entregar vueltos, para agilizar así su contacto con el dinero y ganar confianza en sí mismos.

“Fueron tres días a full, vendieron 3200 pesos que se los quedaron ellos”, dijo orgullosa Marta Britez al tiempo que indicó: “Aprendieron a compartir los trabajos, que no es poca cosa. No hubo un solo problema. Teníamos delantales que se los iban intercambiando para que todos puedan atender. Escribieron todo lo que vendieron, no faltó ni un solo peso y realmente fue una experiencia nueva e impecable para ellos”.

Una vez concluida la feria, la docena de chicos sordos e hipoacúsicos dividió en partes iguales el dinero. Fue, en la mayoría de los casos, la primera vez que tuvieron el dinero propio para comprar regalos y sorprender a sus familias durante las Fiestas

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