El avance del “cristinismo” y los recelos del peronismo

Por Ricardo Kirschbaum

Cuando se confiesan en la intimidad, dicen que Kirchner ha sido el líder político que les dio otra oportunidad, rescatándolos del escepticismo militante. Ese agradecimiento, que abre las puertas a las exageraciones personalistas, obsecuencias desmesuradas y calculadas hipocresías, reconoce límites.

Es Cristina la que enciende de verdad sus corazones, los hace palpitar rejuvenecidos en la épica.

Y admiten, convencidos, que Néstor se llevó los defectos, además de los elogios. El “cristinismo”, aseguran, encarna lo mejor de esta experiencia, lo más puro mientras que el barro de la construcción política, la negociación en la oscuridad, la corrupción, forman parte de un método y de un estilo que concluyó en octubre. En otras palabras, lo que ha sobrevivido no está contaminado con la vieja política.

Este reacomodamiento que está ocurriendo en el Gobierno produce fricciones cada vez más fuertes entre lo que encarnaba y permitía Néstor y este “cristinismo” menos pragmático y más ideológico que hegemoniza la acción de gobierno. Ninguno tiene poder propio: son vicarios de Cristina. Y le agregan a la táctica del conflicto permanente, que Kirchner alentaba con entusiasmo, una decisión de tomar el control de todo aquello que no responda a sus ideas. Ya lo había dicho Zannini antes de la muerte de Kirchner: en 2011 “iremos por todo el poder”. ¿Cuál es el alcance de esas palabras? La realidad lo está mostrando: el oficialismo controla una buena parte de los medios de comunicación y funciona una cadena de hecho con sectores privados que han cooptado por afinidad pero, sobre todo, con la generosa billetera de la publicidad. Han puesto a los servicios de inteligencia a trabajar a destajo en la política interna, están intentando dividir a la Mesa de Enlace, a la Unión Industrial, presionan a los intendentes bonaerenses con colectoras, ponen en peligro la reelección de Scioli.

En esa táctica, no importan las víctimas por “fuego amigo”.

El objetivo es que Cristina sea electa en la primera vuelta electoral.

Saben que el peronismo no buscará otros rumbos si Cristina se mantiene al frente en las encuestas. Y trabajan sobre esa realidad.

Si esa estrategia ya se aplica en la política y en la economía, pronto comenzará en los gremios. La alianza táctica es una necesidad de ambos sectores pero el “cristinismo” está dispuesto a avanzar en el control de una corporación que tiene su propia dinámica y, sobre todo, todavía dispone de poder propio.

Hay síntomas de que esa batalla está iniciándose.

La detención de Venegas disparó la alarma y Moyano, que se siente en la mira, está postergando por ahora sus ambiciones políticas. Tiene una preocupación mayor y es que la Justicia no avance sobre él o sobre algún familiar salpicado por la mafia de los medicamentos. Si eso ocurre, habrá guerra, dicen alrededor del camionero. ¿La habrá? ¿El “cristinismo” dará el paso sobre los gremios? ¿Ahora o después de 2011?

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