Lo aseguró una familiar de las víctimas. "Es una burla", dice. Le gustaría que esté detenido hasta que llegue el juicio.
En los últimos sesenta días los llamados que la alertaban de lo mismo se repitieron. Incluso una persona le dijo que le daba la impresión de que el automovilista estaba alcoholizado cuando lo vio al volante. “Pero eso no es algo que yo haya visto, así que no lo puedo afirmar”, aclara la hija y hermana de las víctimas fatales del choque.
Martínez estaba ebrio, con 1.4 gramos de alcohol en la sangre, la mañana aquella en que iba por la Vía del Peregrino hacia La Punta, atravesó el cantero central con su Ford Falcon y chocó de frente a un Duna que viajaban hacia San Luis.
Los dos ocupantes del Fiat, Héctor Daniel Monzón, de 52 años, y su hija Maira Soledad, de 21, murieron por el impacto.
Un "fierrero" enamorado de San Luis. Nativo de Arrecifes, provincia de Buenos Aires, y “fierrero” casi por naturaleza –“porque en esa zona el automovilismo es un deporte muy popular”, dice su hija – Monzón se había radicado en San Luis con su familia el 19 de mayo de 1993, un día después del cumpleaños de Natalia.
Maira era entonces la menor de sus tres hijos, que son puntanos por adopción. La cuarta hija de Héctor y María del Carmen Barontini es puntana por nacimiento: la tuvieron cuando ya estaban radicados en esta provincia.
“Mi papá no conocía San Luis, se vino porque tenía un tío acá. Un día llamó a ese tío y nos vinimos a vivir, se enamoró de San Luis”, cuenta Natalia.
Los Monzón sufrieron dos golpes duros en menos de tres meses. María del Carmen murió de un infarto en octubre de 2012. Y el último domingo de enero de este año el choque frontal se llevó la vida de Héctor y Maira.
Natalia dice que está satisfecha por la rapidez con que actuó la jueza Palacios, que el 8 de febrero procesó a Martínez por doble homicidio culposo y le prohibió volver a manejar hasta que fuera juzgado.
Pero el procesado incumplió, al menos, en los últimos dos meses.
Cada vez que le avisaban que habían visto a Martínez conduciendo un vehículo Natalia se quedaba con el sabor amargo de no poder advertir a la Policía en el momento, para que lo sorprendieran en plena violación de la orden judicial.
El viernes pasado fue diferente. Ella no se acuerda bien qué hora era, pero calcula que pasaba apenas de las 11:30. Estaba en el trabajo y recibió un llamado de Gustavo, el novio de Maira.
El joven, que vive en La Punta, conocía de vista a Martínez y en más de una ocasión lo había sorprendido al mando de un auto. “En estos dos meses Martínez anduvo en tres vehículos distintos”, dice Natalia.
Gustavo lloraba cuando le dijo por teléfono “no sabés lo que acaba de pasar”. En ese momento estaban deteniendo a Martínez.
Unos minutos antes, el joven había visto al imputado de doble homicidio culposo salir de una farmacia conduciendo un Ford Escort. Y había llamado a la Policía.
“Siento que es una burla lo que (Martínez) hace, me causa mucho dolor, mucha impotencia”, dice la familiar de las víctimas.
El lunes pasado la jueza procesó otra vez al automovilista, ahora por “desobediencia judicial”. Y se lo informó a la Cámara del Crimen Nº 2, que ya tiene en sus manos la causa por el choque mortal, para juzgar a Martínez.
El tribunal podría disponer la prisión preventiva del procesado hasta el día del juicio si considera que al violar la prohibición de manejar rompió las condiciones exigidas para mantenerse en libertad.
“Sería un paso muy grande que esté detenido hasta el juicio. Es una persona enferma, porque es alcohólico, y si está en libertad hay peligro de que provoque otro hecho como el que sufrió mi familia”, dice Natalia Monzón.

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