Una vez más dos facciones sindicales se enfrentaron a los tiros en pleno centro de nuestra ciudad.
Son los mismos que han desnaturalizado el derecho de huelga, transformándolo en extorsión, a la que recurren por cualquier motivo cortando calles y rutas, encapuchados, con fuego, palos e intimidación a cuanto automovilista se les cruce.
El Estado no existe. Deja hacer. La policía no actúa porque aduce la necesidad de órdenes judiciales que no son necesarias ante la flagrancia. ¿Desde cuándo es necesaria una orden judicial para aprehender a personas armadas en la vía pública? No hay detenciones ni autoridad que asegure el derecho de trabajar y circular libremente.
Las bandas armadas se enseñorean y el Ministerio Fiscal todavía debe una acusación (y explicación) por el anterior hecho que protagonizó uno de estos grupos violentos, cuando balearon con armas de guerra un local partidario en oportunidad de la visita del ex presidente Kirchner. El hecho sigue impune, no hay detenidos y no se desarmó a nadie. Las armas y las balas ayer volvieron a hacerse presentes. No hay noticia de que se hubiese pedido siquiera un allanamiento o una detención.
Al gobernador Das Neves no se la ha escuchado decir palabra. Parece que no le preocupa que los vecinos de la calle Rawson hayan estado en la línea de fuego. Es un hecho muchísimo más grave que la agresión que sufrió en su auto en Madryn por otra patota, hecho por el cual sí reclamó seguridad y habló de zona liberada. Pero claro, en este caso una de las bandas armadas lo apoya políticamente y en este caso no es él la víctima sino los vecinos de Comodoro.
Otro mudo es el ministro de Gobierno, a quien parece que el hecho tampoco le importa ni se siente en la obligación de dar ninguna explicación.
Habrá que acostumbrarse a que el llamado “modelo” carece de capacidad para ganar la calle, asegurar el orden y la seguridad pública y terminar con las patotas sindicales que asuelan esta ciudad.
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