Franco Giorgetti habló con LA CAPITAL sobre su experiencia en la selección nacional y sobre las chances en el Mundial de España. Y sueña con ganar la Liga Nacional y la Liga de las Américas con Peñarol.
El tibio sol de la tarde invernal de viernes es una invitación para disfrutar un rato al aire libre. La Plaza Mitre luce colmada y es el escenario ideal para una extensa charla con Franco Giorgetti, tras su paso por el seleccionado argentino de básquetbol y en la cuenta regresiva hacia el inicio de una nueva pretemporada con Peñarol. El proceso en el equipo "albiceleste", sus ilusiones, la admiración por los integrantes de la Generación Dorada y diversos temas en un viaje imaginario que, incluso, se remontó a sus comienzos y la decisión de dejar a su familia por la posibilidad de triunfar.
- Decías que no te habías hecho muchas ilusiones con jugar el Mundial pero, ¿hasta qué momento conservaste alguna esperanza?
- Desde el momento en que Julio Lamas me convocó, pensé que por algo era, que mis chances de quedar, tenía. Pero iban pasando los días, en los partidos no tenía tanta participación y te vas dando cuenta qué busca el entrenador y qué decisión puede llegar a tomar. Hasta que no me dijo que iba a ser uno de los "cortados", igual tenía esperanzas. Pocas, porque delante mío tengo a fenómenos como Walter (Herrmann), Chapu (Andrés Nocioni), Marcos (Mata), aunque ahora está jugando más como escolta, y la tenía complicada.
- De todas maneras, no deja de ser una experiencia fenomenal para un pibe de 21 años...
- Tuve el privilegio de entrenar más de una semana con esta camada de jugadores quizás irrepetible por todo lo que lograron. Había tenido la suerte de estar en 2012 como invitado. Esta vez me tocó estar como preseleccionado. No se pudo dar, pero creo que aproveché cada día. Se aprende algo todos los días con jugadores de este nivel. Es increíble compartir entrenamientos con gente que forma parte de la gran historia del básquet argentino.
- ¿Alguna vez lo habías imaginado?
- Me acuerdo que cuando ganaron el oro olímpico, en 2004, yo estaba jugando un torneo de Mini en Charata y veía los partidos por televisión. Hoy estoy acá, entrené con ellos y competí por un lugar en el Mundial. Es como un sueño. Pero también sé que también me sacrifiqué mucho. Me fui a los 15 años de mi casa, con otro pibe de Formosa. Llegué a Olavarría y era muy chico. Fueron épocas bravas: Había dejado mi casa, mi mamá me llamaba llorando. Pero mi viejo me hacía el aguante, me hablaba todo el tiempo para que siguiera adelante.
- Y en todo este proceso te tocó jugar el Sudamericano. ¿Cómo lo viviste?
- Nos faltó un pasito para ser campeones. Sabíamos que íbamos a tener, salvo Ecuador, que es un equipo amateur, tres o cuatro partidos muy duros. Nos costó mucho ganarle a Paraguay y después vino Brasil (se le dibuja una gran sonrisa). Ahí pasó lo que se viene dando estos últimos años. Parece que nos pueden robar el partido y en el cierre surge la garra argentina y lo damos vuelta. Fue un momento hermoso. Ganarle a Brasil siempre es lo que más se festeja. Después, en semifinales nos cruzamos con Uruguay, otro equipo durísimo, que no se entrega nunca. Les habíamos sacado 20 puntos y a poco del final se nos acercaron a 7. Supimos cerrarlo con la clase de jugadores de mentalidad fuerte que tenemos. En ese sentido, Martín (Leiva) hizo un gran trabajo. Fue nuestro guía, nuestro líder.
- ¿Fue sorpresivo que se haya quedado afuera del Mundial?
- Sí, seguro. Argentina no tiene muchos pivotes y Martín es un jugador con mucha experiencia y nos llamó la atención que no vaya al Mundial. Pero sabrá Julio (Lamas) las razones por las cuales eligió a Taya (Tayavek Gallizi). Creo que Argentina tiene equipo para pelear arriba. Vamos disminuidos, eso está a la vista, nos van a faltar jugadores claves, pero todavía quedan en el plantel nombres muy grandes y que van a saber llevar el equipo.
- ¿Cómo se vivía desde adentro el conflicto institucional de la Confederación Argentina?
- Siempre estábamos al tanto de todo. Durante la preparación para el Sudamericano, Martín era el referente que nos comunicaba cada cosa que pasaba. Hizo un trabajo muy bueno tanto dentro como fuera de la cancha. La CABB está muy mal, lo entendemos, y cuando llegó el momento de jugar en Venezuela tratamos de dejar los conflictos de lado, aunque la preparación no fue la que correspondía. Tuvimos varios problemas, dos o tres días de práctica sin contacto por el tema de los seguros. Al final hicimos un gran torneo, dejamos todo, nos enfocamos en jugar y Venezuela nos ganó bien la final, es un gran equipo.
- Nombraste a Gallizi. Llegó como sparring, quedó afuera del Sudamericano y ahora va al Mundial. ¿Se siente en las nubes?
- (Se ríe) Estuve en la pieza con él, se lo veía bien, feliz. Me alegro mucho por él. Demostró en cada entrenamiento que tenía unas ganas terribles de estar ahí.
- ¿Hacer un muy buen Mundial sería llegar a semifinales?
- Yo creo que llegar entre los cuatro primeros sería hacer un Mundial estupendo. No descarto que se pueda lograr, porque todos sabemos la clase de jugadores que tenemos. Ojalá se pueda. Estados Unidos ya no es tan candidato, por la gran cantidad de bajas que tiene. En mi opinión, España pasa a ser el favorito. Pero ojalá que Argentina haga un gran Mundial porque sería la mejor despedida para quienes han hecho tanto por la Selección.
- ¿Durante los entrenamientos Lamas te pidió algo diferente a lo que habitualmente hacés en Peñarol?
- Nunca hablé directamente con Julio acerca de cuál iba a ser mi rol, pero sé que no puedo hacer nada distinto a lo que hago en Peñarol, porque si lo hago, las cosas me salen mal y eso me juega en contra. Trato de hacer lo mío: colaborar atrás, tomar mis rebotes y recuperar pelotas. No soy un jugador de hacer muchos puntos.
El nuevo Peñarol y la gente de siempre
Pasa un peatón, observa el diálogo entre periodista y entrevistado y surge el espontáneo "¡Daaaaleee Peñaaaaaa!".
- La gente te reconocen por la calle y te brinda su afecto. ¿Cómo se siente?
- La gente es como dice Sergio (Hernández). Es un club de locos. Una gran institución, con una gran dirigencia y con la gente que está todo el tiempo apoyando. Te escribe cosas en las redes sociales, te da afecto y también te da esas ganas de comerte la cancha. Cada vez que nos toca jugar pensás en ganar por vos mismo, por tus campañeros y también por la gente. Cuando ganamos un título es una satisfacción enorme. Ver la felicidad de la gente que te banca siempre no se puede explicar con palabras.
- Ahora te toca enfocarte de lleno en Peñarol. ¿Cómo imaginás el equipo?
- Sabemos que Leo (Gutiérrez), Adrián (Boccia) y Martín (Leiva) son los jugadores que tienen puntos en sus manos. Tenemos dos compañeros nuevos a los que tenemos que insertar rápido (Fabián Sahdi y Alejandro Konsztadt) y Ale Diez, quien ya conoce bastante el club. Será una temporada larga, con muchos partidos y sabemos que todos los equipos pasan por momentos malos. Ahí tenemos que demostrar la personalidad para salir adelante.
- ¿Y en lo personal?
- Yo estoy para sumar y sabiendo que cada partido que pase, con el transcurso del año, voy a ir agregando cosas a mi juego. Para eso hay que entrenar mucho y empezar a tomar responsabilidades. A veces siento que tengo que aportar más, animarme más. Cuando estoy bien, con confianza, he demostrado que puedo aportarle más cosas al equipo. Es una gran expectativa para esta temporada: subir mi nivel.
- Te lo van a pedir porque ya no sos un juvenil más. Y estar bien físicamente será vital...
- Sí, es mi mayor deseo para esta temporada. Venía de la lesión en el hombro, hace dos años, y la temporada pasada me perdí dos meses por la muñeca. Así que estoy mentalizado en empezar el lunes la pretemporada y no parar hasta el último partido. Es el momento para mejorar el físico y también técnicamente. Estoy en una edad justa para pulir todos los detalles.
- ¿Qué representa el clásico contra Quilmes?
- Para mí, significa ganar. Quiero ganarlo como sea. Como dice Domingo (Robles), Ganarle a Quilmes no es lo más importante, es lo único. Lo sentimos así. Jugamos unos play-offs bárbaros, fue una serie muy pareja. Tuvimos a Facu (Campazzo) en su máximo nivel, manejó el equipo de una manera fenomenal y se merece estar donde está ahora (en Real Madrid). Me pasa de ir a cada clásico casi sin dormir. Te genera una adrenalina y unas ganas, querés hacer todo bien y ganar, porque todos los hinchas lo quieren ganar.
- ¿Es una obviedad hablar de los objetivos de Peñarol para 2014/15?
- Esto que construyó Peñarol en estos últimos ocho o nueve años implica siempre tener objetivos altos. Nos malacostumbramos un poquito a ganar títulos (se ríe). Es una Liga muy larga, también tenemos la Liga de las Américas, un gran incentivo porque yo no la gané. Vamos pelear cada torneo porque así es Peñarol. Apuntamos a lo más alto y lo más alto es el título. Aunque no será nada fácil.
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