Aumentan los casos de abuso sexual infantil en Mendoza

Aumentan los casos de abuso sexual infantil en Mendoza

El equipo interdisciplinario de la Suprema Corte de Justicia registra un crecimiento de 40% en la cantidad de víctimas. En promedio atienden 6 casos por día, que al año suman más de 1.400

Los casos de abuso sexual de  menores han crecido 40% de 2010 a la fecha, según datos del Equipo para el Abordaje del Abuso Sexual Infanto Juvenil (Epaasi) de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza. En ese aumento existe un avance de los hechos relacionados a la trata de personas, donde los menores son incluidos en redes, muchas veces a instancia de los propios familiares, y donde el chico puede hasta perder el vínculo con sus progenitores. Además, el peso de internet como propiciadora de abusos perpetrados por pedófilos es otro de los mecanismos que están adquiriendo mayor presencia en los últimos años.

Por esta razón, desde este organismo jurídico están pensando en trabajar con la Red Infancia Robada, que dirige la monja Martha Pelloni, a modo de obtener mayor precisión para abordar este tipo de hechos delictivos. De hecho, está planificado que la religiosa venga a la provincia en setiembre.

Claudio Habiján, coordinador del Epassi, explicó que su acercamiento a Pelloni surgió por parte del equipo de Infancia Robada, pero luego del primer encuentro vieron que las coincidencias sobre aquello que  hace falta mejorar para combatir este delito desde todas sus aristas requerían profundizar lazos.

“El abuso es principalmente intrafamiliar, pero ahora se están viendo modelos de iniciación de los chicos en la prostitución, donde casi siempre participa la mamá como cómplice y un varón extrafamiliar, que tiene menos sentimientos involucrables con la niña. Ese varón es quien avanza sobre el proceso de iniciación del niño, que se transforma en un elemento de producción de dinero. Hemos tratado niños de Mendoza capital encontrados en  Valle de Uco y viceversa. También hay casos en que gente traída desde Bolivia con la excusa de trabajar con un pariente ofrece a la niña a las redes”.

Habiján distingue dos caminos  dentro del contexto familiar. Uno, producto de la seducción de desconocidos a través de las redes sociales por descuido de los padres, es decir, por omisión. Y otro, donde la familia es la que entrena y entrega, es decir, con participación activa.

“Esto es mi opinión, no es producto de ninguna estadística, me arriesgo a decir que hay dos mecanismos separados. El año pasado vimos en tres casos niños reclutados a partir de las redes sociales. En uno l chico fue contactado por Facebook: el abusador lo sedujo, lo invitó a la galería Tonsa y luego lo llevó a un departamento, donde le dio una paliza, lo violó y lo mandó a la casa bajo amenaza de muerte porque sabía dónde vivía, qué hacían la madre y el padre, los horarios, etcétera. Los otros dos fueron reclutados por internet por redes de trata. Ésa es una manera cuando la familia está ausente. El otro fenómeno tiene que ver más con familias de múltiples carencias, donde el niño no es un sujeto de derecho sino una boca que alimentar y esa visión coloca al niño en peligro. Tuvimos una chica de 14 años cuyos padres habían muerto y fue adoptada por un tío, y la tía la incluía en este mecanismo: cobraba cierta cantidad de dinero a personas que la pasaban a buscar tres veces por semana, la sometían y la devolvían a la casa”, explicó el perito de la Justicia.

La monja Pelloni refirió a UNO similares situaciones donde la familia tiene un rol crucial para generar el abuso. Y da un dato que hiela la piel: el Estado también maltrata.

Faltan protocolos

  El escándalo desatado por los jueces Horacio Piombo y Benjamín Sal Llargués, de la Cámara de Casación  Penal de Buenos Aires, al rebajar la condena y dejar en libertad al violador de un niño de seis años, por considerar que “no puede ser ultrajado un niño que está acostumbrado a ser ultrajado en su casa” y que “tiene una orientación homosexual”, según dice textualmente el fallo, puso la lupa en los mecanismos de resolución de la Justicia cuando las víctimas son menores.

Por un lado, la constitución de la prueba y en forma concomitante la revictimización que sufren los niños desde que hacen la denuncia hasta que es dictada la sentencia.

Un recorrido por algunas instituciones que abordan a estas víctimas  concuerda en un aspecto: es necesario un protocolo especial para los pequeños, ya que los actuales procedimientos les exigen relatar, a los efectos médicos y jurídicos, una y otra vez las vejaciones. En ese trayecto pueden agregar detalles o quitarlos, callarse por temor a represalias de cuidadores y profundizar el trauma posabuso.

Es verdad que desde hace varios años las víctimas dejaron de cruzarse con sus victimarios en las salas de debate durante los juicios orales –no públicos sino a puertas cerradas, por tratarse de delitos privados–, gracias a la implementación de la cámara Gesell, pero también es cierto que al existir sólo una cámara Gesell para todo el Gran Mendoza, los psicólogos están desbordados de trabajo.

Un juez penal con 35 años de experiencia en una de las cámaras del crimen comentó a UNO que “para mejorar los procedimientos debería terminarse con la investigación escrita, la cual debería ser oral e inmediata; es decir, el protocolo debería contemplar todo el proceso hasta la sentencia sin alterar derecho de defensa”.

Y agregó que “el que pregunte sobre lo sucedido debería ser siempre la misma persona o especialista, para que el chico pueda establecer empatía con él y hable con tranquilidad,  y que lo que diga pueda servir para constituir prueba y luego seguir el tratamiento terapéutico, pero sin duda no debería pasar por tantos interrogatorios”.

El camarista, experto en sentencias por abuso sexual infantil, detalló en torno de la polémica por la rebaja de pena al violador del niño,  que “ si se toma lo difundido por los medios, el fallo es una aberración. Hay elementos para condenarlo por más años. Además, es un caso de violación gravemente ultrajante”.

El día después

 Para un niño abusado, contar lo que le sucedió es muy difícil, a veces por su edad, por su madurez psicológica y por la reacción familiar. Después del trauma, el chico enfrentará otro maltrato: el institucional

“Es más traumática la asistencia que el propio trauma inicial”, dice Américo Benegas, médico y jefe del Grupo de Alto Riesgo (GAR) del hospital Notti, sobre el abordaje que ofrece el Estado en caso de abuso sexual, que padecen cada vez más niños.

Y no es que falten profesionales comprometidos con la tarea de proteger a los pequeños, de buscar justicia y reparación a tan aberrante delito, sino que, por el contrario, todos tienen intervención desde distintos ámbitos, todos hacen sus tareas (peritos, abogados, psicólogos, médicos), pero se superponen dichas tareas. Como consecuencia, revictimizan al niño, y muchos de ellos, no todos, sufren el síndrome de acomodación. Para explicarlo en forma simple: el chico silencia su dolor, se retracta cuando ve todo lo que produce en la familia y en su entorno inmediato su relato de la violación sufrida.

Esto sucede porque quienes deben actuar cuando llega un chico abusado carecen de un acuerdo, de un protocolo para establecer roles que permitan conformar las pruebas periciales de forma contundente y, a su vez, abran el camino a los tratamientos médico, clínico, psicológico, quirúrgico de manera rápida, completa y accesible.

Como explica Benegas: “Para nosotros, el chico no es una foto, lo tenemos que tratar durante años”, con referencia a lo que los peritos requieren del chico y lo que el GAR hace para asistirlo.

Benegas ha propuesto desde hace tiempo, sin ser escuchado hasta ahora, la creación de un mecanismo de mediación para evitar los conflictos entre diversas instituciones que deben tratar al niño, en pos de protegerlo de esa revictimización.

Señala también que es necesario tener un lugar intermedio, donde el niño pueda ser contenido en lugar de volver de inmediato al seno de la familia, donde enfrenta más cuestionamientos, aun cuando el agresor sea separado del hogar.

“Cuando el chico no tiene quién lo cuide, quién cumpla con la función materna y no debe internarse, la DINAF no nos da un lugar para ponerlo en resguardo cuando el estado de vulnerabilidad es tan alto. Lo que hacemos es internarlo en el hospital, y lo sometemos psicológicamente a una hospitalización, ve que le sacan sangre al chico de la cama vecina, lo exponemos a infecciones intrahospitalarias, el niño no puede salir a jugar a la pelota, claro si es un hospital, y eso que en el juego surgen cosas más importantes que lo que dice verbalmente. Entonces, es necesario un lugar de paso, no depósito de niños, que resuelva en un plazo de una semana dónde será contenido y cómo, mientras tanto lo tenemos acá, acostado en una cama”, explica Benegas.

Habiján descree de  un hogar intermedio pero sí apuesta a la preparación de la familia extendida que lo tendrá a cargo para evitarle preguntas dañinas. Sin embargo, coincide  en que es necesario encontrar acuerdos entre los peritos judiciales, médicos y psicólogos estatales para no revictimizar a los pequeños.

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