Las tarifas pueden variar porque se establecen en base a las distancias que deben cubrir desde el domicilio del menor hasta la escuela a la que asiste.
La cuota de 180 pesos es una tarifa testigo, que incluso puede ser más alta si la distancia es muy grande, advirtió a EL LIBERAL Mirta Villalba, propietaria de una combi que desde hace más de siete años recorre varios barrios trasladando, ida y vuelta, a alumnos de diversas escuelas estatales.
Se estima que más de 2.000 alumnos y alumnas de escuelas primarias se trasladan diariamente a los establecimientos educativos en las 50 combis autorizadas por la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de la Capital, y cada una traslada un promedio de 40 menores en los dos turnos.
Explicó que para el valor de las tarifas no hay una normativa “porque el transporte escolar está desregulado y cada propietario de vehículo cobra según los gastos de combustible que debe afrontar para cubrir las distancias entre las casas de los alumnos y las escuelas, y viceversa”.
Recordó Villalba que durante el ciclo lectivo 2010 “hemos terminado cobrando una tarifa base de 160 pesos por mes, y para este año, teniendo en cuenta la situación económica de los padres, estamos analizando con los colegas cobrar entre 180 y 190 pesos, aunque habrá algunos que cobrarán un poco más por la distancia, puede ser entre 10 a 15 pesos”.
Argumentó: “Hay que ver la distancia de los barrios que se cubren, los que vienen desde los barrios lejanos al centro pagan un poco más que aquellos que están más cerca de las escuelas, el año pasado se cobraba 180 pesos desde el barrio Siglo XXI hasta los colegios del centro”.
Con relación a la contratación de este medio de transporte, indicó Mirta Villalba: “La municipalidad nos pide que les entreguemos un contrato a los padres en donde se estipula el precio y las fechas de pago, así como los servicios que ofrece el transportista, aunque también hay contratos verbales porque hay padres que nos conocen desde hace muchos años”.
En cuanto al seguro, aseveró: “Pagamos un seguro especial según la capacidad del vehículo, algunos transportan 15 chicos, otros llegan hasta 20, y el importe lo estipula la compañía aseguradora”.
Por otra parte, Villalba anticipó que los transportistas “hemos pedido a Tránsito que pongan un inspector en cada colegio del centro porque es imposible parar en doble fila y se pone en riesgo al niño que se baje a la calle”.
Recalcó: “Es una actividad muy estresante, hay mucho peligro con las motos, es salir a la calle y rogar que no tengamos un accidente; además, los niños no miden las consecuencias, sacan los brazos y las cabezas por las ventanillas”.
Vehículos truchos
En otro orden, la transportista Villalba indicó que se solicitó a las autoridades municipales “que traten de combatir no solamente a las camionetas truchas, sino también a los autos truchos que hacen la misma tarea que realizamos nosotros pero sin habilitaciones”.
Se trata de combis y autos particulares que no cumplen con las medidas de seguridad exigidas para esa actividad, en resguardo de los menores transportados.
Según un relevamiento efectuado por este diario, el año pasado se pudo determinar que estarían circulando unos 30 vehículos no autorizados, entre combis y automóviles particulares.
A simple vista, estos transportes ilegales no cuentan con los requisitos municipales que deben tener los transportes escolares para trabajar en el rubro: carecen de asientos con cinturones de seguridad para todos los pasajeros, incluido el acompañante, así como del botiquín de primeros auxilios y el matafuego obligatorio para circular con menores de edad.
Además, los pisos inferiores no están cubiertos con material antideslizante que se limpie con facilidad diariamente y, por lo general, llevan pasajeros de pie y no respetan la velocidad límite de 45 kilómetros por hora
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