A principios de mes se había salvado de un intento de asesinato en su contra. Ayer atacó a tiros a la policía y se refugió en una casa, donde luego se quitó la vida.
El joven había efectuado varios disparos contra efectivos de la Comisaría 21º y luego se había refugiado en el baño externo de una vivienda, donde trágicamente acabó con su vida poco antes del mediodía de ayer.
Carlos Entre Ríos era el amigo de José Miguel Santibáñez (33), el joven jardinero que el 1 de octubre fue ultimado a tiros en la esquina de Misiones al 2800, casi Montevideo, en el barrio Noroeste de Roca. Justamente se encontraba a su lado cuando la víctima recibió dos disparos que le provocaron la muerte de manera inmediata. La investigación reveló luego que esos tiros (fueron siete en total y efectuados con una pistola calibre 9 milímetros desde una moto en movimiento) iban dirigidos a él y no a quien terminó siendo la víctima fatal.
Así, Entre Ríos se había transformado en el principal testigo del hecho en el cual se encuentran detenidos y procesados Oscar "Nicotina" Hernández y Milton Verdugo.
Fuentes policiales señalaron que ayer, minutos después de las 10, los vecinos se contactaron con la Comisaría 21º para alertar que un sujeto andaba por los techos de una casa de la calle Defensa al 2800, efectuando disparos y visiblemente alterado.
Primero llagó al lugar uno de los motoristas de la unidad, que fue recibido a los tiros por Entre Ríos y por fortuna no resultó herido. La ráfaga de proyectiles continuó cuando, instantes después, llegó a la escena un patrullero con varios efectivos más.
Entonces se inició una corta persecución y el sospechoso se refugió en una vivienda ubicada en la calle Santa Cruz al 2800, perteneciente a una familia que no tenía ningún tipo de vinculación con él. El joven se atrincheró en un baño externo en construcción y a partir de ese momento se escucharon más detonaciones, por lo que se cercó toda la cuadra, se montó un operativo de prevención para evacuar a los vecinos de las casas más cercanas y finalmente se convocó a los efectivos del grupo especial COER para tratar de iniciar una negociación con el alterado sujeto.
Más de 30 uniformados acordonaron la zona, teniendo en cuenta que a sólo unas cuadras de allí había varios vecinos votando en una escuela.
Entre Ríos, desde el baño, efectuó un par de disparos más. Y fue entonces que el personal del COER tuvo la autorización expresa de la jueza Margarita Carrasco, presente en el lugar, para irrumpir y detenerlo.
Primero arrojaron una bomba lacrimógena al interior del baño, a la espera de que el hombre salga por sus propios medios, pues la negociación había fracasado. "Estaba muy alterado, fuera de sí, gritando. No entraba en razón", describió el comisario de la Unidad 21º, Sergio Hernández.
Tras el estruendo de la granada policial se escuchó un último disparo de arma de fuego y desde ese momento Entre Ríos ya no respondió a los llamados policiales. Al ingresar constataron que se había descerrajado un disparo en la sien con un revólver Magnum 357 y enseguida médicos del hospital constataron su deceso. Ahora la autopsia revelará si Entre Ríos estaba bajo los efectos de alguna sustancia.
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