Con un cielo limpio y celeste como pocas veces, un sol radiante y una suave brisa acompañando, tuvo lugar ayer el decimonoveno Paseo Gaucho por las calles de nuestra ciudad, una verdadera fiesta de la que participaron 600 jinetes y 450 caballos.
Unas nueve cuadras ocuparon los participantes, que tomaron por la avenida La Plata, Viamonte, avenida Colón, Chiclana y Alsina, para hacer su parada en el palco oficial, ubicado en la vereda del palacio municipal, y regresar al punto de partida.
Frente al municipio tuvieron lugar dos propuestas previas, con el baile del pericón y un inédito desfile de mujeres luciendo distintos ponchos, acompañadas de una rica explicación del animador del paseo, Carlos Zúñiga, quien diferenció entre ponchos del norte y del sur, de una o dos piezas, con distintas guardas y telas. Minutos después de las 12, el centro tradicionalista Los Reseros del Sur --organizadores-- llegó a la plaza Rivadavia.
El paso. "El espíritu de este encuentro es mostrar como se vestía y llegaba el paisano al pueblo los días de fiesta o los domingos. Por eso es un paseo, por eso lucen sus mejores galas". La definición pertenece a Roberto Millán, uno de los organizadores de lo observado ayer.
Detrás de esa búsqueda se colocó el municipio, que desde hace tiempo viene apoyando a las peñas y centros folklóricos locales, convencido de que estas tradiciones son parte de la "avanzada en la campaña bonaerense".
"Hay una Bahía Blanca que es folklórica y que reconoce y destaca la cultura popular de la región", señaló ayer a este diario el titular del Instituto Cultural, Sergio Raimondi.
A las 12.20, el capataz del paseo pidió la venia al intendente municipal, Gustavo Bevilacqua, quien tras saludarlo con un "buen día paisano", le deseó "un excelente desfile". Al grito de Viva la Patria se resaltó la importancia de la presencia del jefe comunal, "Donde hay un intendente gaucho, hay un pago gaucho", se dijo.
Con el canto de las payadores Carlos Marchesini y Ricardo Pino, y las ricas explicaciones de Zúñiga, se fue desarrollando entonces el paso de los participantes, con la participación de centros y peñas de la ciudad y la zona.
Un renglón aparte merecen los carruajes participantes. El primero en verse fue un faiton original, con montura de suela y herrajes de bronce, conducido por Juan Zapata. A su lado, una atractiva americana con capota, propiedad de Sergio Piccioni, tirada por una yunta de tordillos a la lanza, atados con pechera.
Otra mención para la tropilla de mansos formada por diez caballos picasos overos y rosillos, proveniente de Coronel Dorrego, que se ganó el aplauso de todos con los ramillos realizados.
La fiesta terminó a media tarde, luego de compartir participantes, autoridades e invitados un almuerzo criollo en el polideportivo municipal, de calle Vieytes al 2700. El campo, con sus mejores pilchas, había paseado de gala por la ciudad, una vez más.

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