Ataron a una jubilada, le dieron pastillas y dejaron salir el gas

Fue durante un brutal asalto al que dos ladrones la sometieron en su casa de El Retiro

Los delincuentes que sorprendieron a una jubilada de 69 años en su casa del barrio El Retiro hicieron todo lo posible por asesinarla. Y hasta se lo anunciaron, en estos términos y con tono lúgubre: “Ahora te vas a morir”. A la mujer la doparon con somníferos e intentaron asfixiarla dejando el gas abierto. Al final, pudo pedir auxilio ella sola, al cabo de una hora y media. Fue el jueves, en 159 entre 50 y 51. Lidia Salgaro (69) se había hecho estudios médicos en el Centro y regresó a su casa en un taxi. A las 11.30 de la mañana, la jubilada no alcanzó a cerrar la puerta porque se le interpuso un ladrón que estaba en el fondo del inmueble. En realidad eran dos, ambos con la cara tapada y aparentemente jóvenes, los que primero tomaron del cuello y luego amenazaron a la víctima con un arma blanca. La plata era el pedido recurrente de los asaltantes. Uno de ellos abrió la cartera de la mujer y desparramó sobre la mesa todo lo que había dentro. Sólo encontró 70 pesos. A los pocos minutos, la jubilada les dio la otra suma que tenía guardada en la casa: 300 pesos. Con el dato falso de que había más dinero, los delincuentes emprendieron una búsqueda por muebles, cajones y hasta dentro de la heladera. “me estaquearon” Recién comenzaba el calvario para la jubilada, porque en ese momento los ladrones la obligaron a acostarse en su habitación. Con un cable de teléfono en las manos y otro en los pies, a la mujer la ataron a cada extremo de la cama. “Me dejaron estaqueada. A cada minuto me decían que me iban a matar. Yo les contestaba que me mataran, pero que más plata no tenía”, subrayó Lidia, ante la consulta de este diario. El plan de los delincuentes era sedar a la jubilada para luego asfixiarla. Para eso, primero la obligaron a tomar entre cinco y seis grageas de somníferos que la víctima tenía en una mesita de luz. “Hasta miraban que no me las hubiera escondido debajo de la lengua”, recordó Lidia. “Con esto te vas a morir, vieja”, fue el pronóstico lapidario de uno de los delincuentes. El paso siguiente fue dejar abierta una garrafa que la mujer tiene en su cocina. Con el gas invadiendo toda la casa y ningún vecino que hubiera advertido la situación, la víctima corría serio riesgo. Pero el final fue distinto al que imaginaron los ladrones. Pese al dolor y al mareo que sentía, Lidia logró desatarse de la cama y llamar a sus familiares. “Eran las 13.15 cuando pude pedir ayuda. Los ladrones se habían ido mucho antes”, completó la mujer. ¿hubo un entregador? Los delincuentes sabían algo que sólo la familia conocía. En la casa de la jubilada hay dos cajas fuertes, pero en sólo una la damnificada guardaba algunas joyas. Cuando los ladrones preguntaron en dónde había una caja fuerte, la jubilada les señaló la que no contenía nada. “No, la otra buscamos”, dijeron los asaltantes. Dos minutos después, se habían apoderado de tres anillos de oro, pulseras y otras alhajas de valor afectivo. Al hecho de que la familia no tiene ninguna sospecha firme de nadie que pueda haber entregado información valiosa, se le suma que los ladrones no dejaron huellas: usaron los guantes de goma de Lidia.

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