Asesor de legisladores, una muy atractiva ocupación

Información emanada del Congreso de la Nación ha permitido conocer ciertos pormenores relacionados con la designación –por parte de tres senadores catamarqueños -, de asesores de ambos sexos.
Según el detalle conocido, la senadora señora Blanca Monllau designó 13 personas, el senador señor Oscar Castillo contará con el asesoramiento de dos personas en tanto que .la señora Lucía B. Corpacci podrá recurrir –si así lo dispone-, de ocho asesores.

Si agregamos las personas que revistan en Planta Permanente vinculadas con los citados legisladores –siete en total-, la cantidad de personas que –supuestamente, desde luego- colaborarán con nuestros senadores nacionales asciende a cuarenta y una.

La información que motiva estas líneas no determina en que rubro, materia o especialidad estas personas brindarán asesoramiento pero es poco probable que se trata de colaboradores dotados de conocimientos enciclopédicos, capaces de compartir –llegado el caso-, sus conocimientos con el legislador quien a su vez, con tener a su lado un modesto operador de un ordenador que le permita el acceso a Wiki Pedia y otro que se ocupe de diligenciar documentos de archivo -desde el punto de vista del hombre de la calle-, aparecería como dotación suficiente, idónea y austeramente designada.

La realidad nos muestra otra cosa: en la mayoría de los casos los designados son familiares directos o cercanos de los legisladores o personas de su amistad o relacionados con los representantes de la provincia ante la Cámara de Senadores.

Nos apresuramos a destacar que no hay nada incorrecto en lo señalado. Los legisladores en general poseen atribuciones que les permiten efectuar esta clase de nombramientos y es lógico que traten de generar un entorno con personas de su absoluta confianza. Debe ser por eso que abundan familiares directos entre los designados.

Históricamente los legisladores designaban un par de personas de su confianza que lo acompañaban durante el lapso que durara su mandato y muchas veces la retribución económica corría por cuenta del peculio personal del diputado o del senador.

Obviamente, los tiempos han cambiado en m muchos aspectos que tienen que ver con las actividades parlamentarias, sus protagonistas y el pago a los hoy plurales asesores que, aunque no ventilan los montos que perciben, se sabe que se trata de sueldos más que interesantes.

Y tal vez por eso es que la gente formula apreciaciones poco edificantes al tomar conocimiento de estos pormenores a partir de que esos suelos son pagados con fondos del Estado, o sea del pueblo.

Es indudable que resulta chocante para el individuo que trabaja diez o doce horas por día para subsistir –por general con penuria- enterarse que existe un grupo de elegidos que cobra varios miles d pesos por desempeñar una tarea no siempre conocida.

Resulta poco grata la existencia de situaciones en virtud de las cuales se pagan sueldos elevados a personas cuyas aptitudes, capacidades o títulos habilitantes son poco o nada conocidos.

Reiteramos: no existe delito alguno en lo tocante a estas designaciones, no están teñidas de ilegalidad, no violan ninguna ley. El vulgo los designa con el nombre de una clásica pasta de itálico origen que se sirve los días 29 del mes y – de última- el pueblo considera que se trata de una falta de austeridad motivada por diversas causas entre las cuales, a veces, campea un nepotismo rayano con lo obsceno y un gasto de dinero por parte del legislador para lo cual no fue elegido. Un operativo designador de asesores que no formó parte del proyecto difundido en la campaña electoral.

El ya citado hombre de la calle, pese a vivir abrumado por la fata de seguridad, las falencias habitacionales , los magros salarios y la espiral inflacionaria no aceptada por el gobierno pero que golpea cruelmente la economía de los hogares, también hace sus números y se pregunta: ¿El legislador que tiene tres asesores es más idónea, inteligente y capaz que el que tiene doce? Si hay legisladores que se arreglan con pocos asesores ¿A qué se debe que otros recurran a muchas personas ejerciendo esas funciones para poder legislar?

La respuesta a estos interrogantes se halla fuera de nuestro alcance. Tal vez la encontremos, andando el tiempo, en el balance que cada legislador ofrezca de la tarea cumplida durante su mandato.

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