Testigos lo vieron en la escena del crimen. Allanaron la casa. Y cayó en Romero. Secuestraron ropa y armas blancas
Casi a la misma hora en que el cajón con los restos de Hernán Páez la Valle (22) era trasladado ayer hacia el cementerio, los policías de la DDI se preparaban para allanar una vivienda ubicada a muy pocas cuadras de donde un ladrón lo mató de una puñalada en el corazón. Ahí vive el principal sospechoso del crimen, un adolescente de 19 años identificado como Nicolás Bustamante. En el barrio lo describen como un “pibe conflictivo”, al que vinculan con “problemas de drogas” y más de un robo. En su casa los policías sólo encontraron al padre (la madre llegó después) y secuestraron elementos de interés para la causa. Después comenzaron a buscar a Nicolás por distintos sitios donde se suponía que podía estar, como un almacén de Melchor Romero en el que trabajó como empleado. Y tampoco. Por fin lo encontraron hacia las 11 de la noche, caminando por una calle de esa localidad. sin piedad Como se informó en la edición de ayer, todo pasó poco después de las 10 de la noche del miércoles, cuando Hernán Páez la Valle salió de su casa de 120 entre 526 y 527 para guardar el auto en la cochera que alquilaba justo a la vuelta, en 527, casi 120. De su chalet sólo se llevó las llaves del Fiat Uno y el celular Movistar de la empresa para la que trabajaba. Nada más. Los trapitos que cuidan los coches en la parrilla de enfrente vieron pasar al joven con el auto, como todas las noches, bajar, abrir el portón y guardarlo. Pocos segundos después volvieron a verlo, pero ya malherido. Hernán se desplomó en la vereda de la cochera, empapado en sangre y con un corte a la altura del corazón. Sólo le faltaba el celular. Un patrullero de la comisaría Sexta lo trasladó al hospital Rossi, donde los médicos lo ingresaron al quirófano con la esperanza de salvarlo. Todo resultó infructuoso. Mientras tanto, los policías comenzaron a escuchar los testimonios de los trapitos, vecinos y comensales de la parrilla. Los relatos de cuatro de ellos encastraron como piezas de un rompecabezas, lo que permitió reconstruir una secuencia que apuntó directo a Nicolás. “Un par de testigos lo identificaron con nombre y apellido”, y aunque ninguno lo habría visto clavándole un cuchillo a Hernán, todos lo ubicarían en la escena antes del ataque, y después, ya corriendo. “Iba vestido de negro”, comentaron en el barrio. Con todos esos elementos la fiscal Leila Aguilar pidió allanar la casa del sospechoso, en 118 bis y 525, donde -según un jefe policial- “vive con los padres”. La jueza Marcela Garmendia avaló la medida y en las primeras horas de la tarde el personal de la DDI y de la Sexta hizo el registro. De acuerdo a la información oficial, del lugar se llevaron “prendas oscuras” y algunas armas blancas, entre ellas varios cuchillos de cocina, para peritarlos en busca de sangre. Si encuentran, deberán cotejarla con la de la víctima. Lo que más les interesaba a los policías era encontrar el elemento capaz de vincular al acusado con el crimen, sin dudas: el teléfono celular que le robaron a Hernán. No fue posible, de modo que siguen rastreando el aparato. El caso está caratulado como “homicidio”.
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