Denuncian que un joven de 20 años murió cuando dos policías le dispararon por la espalda al “confundirlo” con otro que habría robado un vehículo similar. También hirieron a un chico de 17 con el que viajaba. Como parecían chicos humildes, cabían en el estereotipo y apuntaron.
Los jóvenes salieron de visitar a una amiga en la moto que el más grande le había comprado a su padre, por lo que “que estaba su nombre y usaba para trabajar”, remarcó Juan Grabois, abogado e integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) al que pertenecía el muchacho que falleció por las balas policiales. Los datos parecen accesorios pero no, porque según se supo los dos azules dispararon al entender que los muchachos eran los mismos que habían robado un vehículo similar a metros de Hornos, en Fiorito.
El supuesto robo había ocurrido en los límites con Lanús, donde los hombres, subidos a una camioneta Eco Sport sin identificaciones de la fuerza, se toparon con los chicos y comenzaron a perseguirlos, por cerca de diez cuadras. “Cuando ves que te siguen unos tipos armados, vos te vas. Sólo parás si te das cuenta de que es un patrullero”, señaló el referente, para explicar por qué huyeron las víctimas. Pero no pudieron escapar más, porque desde el otro lado apuntaron y no fallaron.
“Es un caso de gatillo fácil porque dispararon sin saber quiénes eran ni qué hacían ahí. Cuando caen de la moto, hay vecinos que vieron que les pegaron en el piso. Además, la escena que debía ser protegida por la Comisaría Quinta se adulteró: se llevaron las vainas y el plomo”, acusó Grabois, en diálogo con LA TERCERA. Si bien todavía no pudieron corroborar si hay menciones en la causa, el representante del MTE aclaró que no hubo un “enfrentamiento” entre ambas ‘facciones’ porque los trabajadores no estaban armados. Sin embargo, esa figura suele ser inventada cuando se trata de proteger a efectivos que mataron sin ningún velo legal.
Aunque el dolor siempre es particular, todos los casos de irregularidad en la fuerza tienen elementos comunes. “Denunciamos un doble juego. Por un lado, la represión sistemática de los humildes con independencia de su conducta individual. Por el otro, la connivencia de sectores vinculados al narcotráfico y de todos los delitos que generan ganancia a las comisarías”, entendió el dirigente. Si las víctimas no hubiesen sido jóvenes de barrios humildes, es probable que los policías no hubiesen actuado con esa impunidad, que a su vez está sostenida por las redes políticas y judiciales.
La causa radicó en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 4 de Lomas de Zamora. Sin embargo, por el viso de corrupción del caso, no descartan “llegar por otras vías a la Justicia federal” y sumar el acompañamiento de otras organizaciones sociales, para alcanzar el esclarecimiento.


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