Asentamientos o abandono del Estado en Junín

Están tan cerca de la plaza principal que parece mentira que nadie hasta el momento los haya visto. Cuatro familias, en total unos quince chicos que todavía no entienden por qué les toca vivir así.
Llegaron a calle Chile y Cte Segui con unas pocas chapas usadas con las que construyeron sus precarias viviendas, algo de madera, lona y plástico que ayuda a que el agua de lluvia no los moje. Aunque no siempre se da, escurridiza se mete por los huecos, las hendijas y no perdona lo poco que hay adentro.

Y en medio de la nada y hasta con nada se animaron a vivir en ese lugar, enfrente, las cañas que muestran la viaja postal de las vías de ferrocarril donde se levantan desafiantes y cuando llega la noche la luz en la calle no existe.

Mujeres que abrazan a sus chicos y se animan a pensar qué puede pasar cuando el invierno golpee con fuerza y no haya con qué calentarse.

Las mismas que fueron hasta Acción Social a pedir ayuda y se volvieron sin nada; sólo la propuesta que como no quedan lotes en Junín podrían obtenerlos en La Agraria.

Tampoco tuvieron respuesta para que les conecten el agua “la vamos a buscar a la casa de una vecina” nos dijeron, y van con baldes, cada vez que tienen que lavar ropa, elementos de cocina y cada vez que se bañan.

No hay baños, “nos arreglamos con un tacho” decía una mujer; sintetizando un acto natural, que para ellos de natural no tiene nada.

Una postal de la pobreza sin dudas, pero también del abandono, de un Estado ausente, que no escucha, y por eso no puede dar respuestas.

Si vas por calle Chile y pasas la alcantarilla, los vas a ver, no se esconden de nadie, los oculta la altura de las vías, los condena la inoperancia.

Cuatro tristes construcciones que encierran las mismas vidas que las nuestras, con sueños, tal vez distintos a los que tenemos, pero que sienten el frío, como nosotros y sufren…

Alguien en medio de nuestra visita llegó con un par de carpas rescatadas del canal, será la comida de esta noche; mañana otro día y otra lucha, la de sobrevivir, la de encontrar la igualdad que les fue negada.

Una de las mujeres muestra una panza que de a poco va creciendo, como el bebé que lleva dentro y se anima a hacernos ver el interior de su “casa”, “estábamos alquilando, pero no podíamos pagar más”, “si pagaba el alquiler no comía” agregó, adentro pasto y tierra en un piso que se va acomodando al andar de la pareja; las partes y techos dejan entrar los últimos rayos del sol, no por poesía es que están rotas.

Cuatro historias, cuatro familias que usurparon el terreno, lo saben, pero no se sienten delincuentes, se sienten olvidados.

“Nadie vino”, nos decía una mamá jovencita con su chiquito en brazos, del que aseguraba “nunca se me enfermó, pero ahora tengo miedo a que el frío le haga mal”.

En la esquina cavan los cimientos de una futura construcción a fuerza de pala un hombre y una mujer, ganándole al mal tiempo y uno se pregunta quién se podrá acercar para descubrirlos, quién para ayudarlos, o cuántos para que dentro de unos meses los vayan a buscar en una combi para votar.

Si vas por calle Chile y pasas la alcantarilla te vas a dar cuenta que Junín se está llenando de gente que no tiene repuestas, no son sólo pobres.

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