Lo revela un informe realizado por investigadores del Centro Regional Universitario de Bariloche.
Según puntualizó el decano del CRUB, Víctor Báez al matutino La Mañana de Neuquén, se detectaron ambientes con signos de contaminación cuyo origen no se vincula con el proceso eruptivo sino con factores urbano-antrópicos, como en Lago Verde, Calafate y Correntoso.
La investigación, realizada a pedido de la Legislatura de Neuquén, consta de 218 páginas, comprende desde julio de 2011 hasta diciembre de 2013. Báez dijo que se trabajó en el seguimiento de la erupción del complejo volcánico y la evolución primaria de las características físicas y químicas del material piroclástico, de los de los depósitos generados, de su distribución; de la evaluación de impactos directos de la caída de tefras (productos volcánicos que se expulsan por la chimenea, como ceniza, lapilli, escoria, pómez) y de la peligrosidad frente a lahares secundarios y la posible inestabilidad del paquete de nieve en presencia de depósitos de tefra en Villa La Angostura y sus alrededores.
Dependiendo del ambiente
Báez comentó que el estudio posibilitó una primera aproximación a los efectos sobre la vegetación y las respuestas de corto plazo de los bosques nativos.
“El efecto de la caída de tefra sobre algunas de las especies de hojas perennes parece haber sido muy negativo”, sostiene el informe. Y lo ejemplificó con el caso del canelo (árbol poco ramificado que puede alcanzar unos 20 metros de altura).
“Los rebrotes en la zona más afectada continúan siendo muy escasos o nulos y, en los casos en que hubo rebrotes, fueron poco vigorosos”, precisó. Según los especialistas, eso sugiere que, en el mejor de los casos, esta especie demoraría varios años en recuperar sus poblaciones en las zonas más afectadas.
Especificaron que no sucedió lo mismo con el coihue, que comparte el carácter perennifolio y podría vincularse con el corto tiempo de permanencia del depósito de productos volcánicos que se expulsan por la chimenea sobre las hojas.
Otro punto que se destaca en el estudio es que el lago Nahuel Huapi, en términos de la condición de características físico-químicas del agua para los peces, no presentó alteraciones significativas que pudieran suponer un impacto notable sobre los ensambles de estas especies.
Recordaron que tras la erupción la transparencia se vio reducida a unos pocos centímetros y recién para el verano de 2013 alcanzó valores normales.
Sobre el tiempo que demandará para revertir la situación, Báez sostuvo que “la magnitud del efecto es tan grande que volver a la condición previa es prácticamente imposible, ya que depende del comportamiento del ambiente que tiende a buscar el equilibrio ante una nueva condición reinante”.
Concluyó en que esta erupción “es una excelente oportunidad para mejorar nuestra preparación frente a próximos eventos volcánicos explosivos que deben ser considerados como normales para esta región”.
Investigadores
El informe fue realizado por investigadores del Centro Regional Universitario de Bariloche (CRUB) de las áreas Estudios Ambientales, Vegetación, Suelos, Calidad de Aguas y Recursos Activos Acuáticos, del Laboratorio de Limnología y de Evaluación y Manejo de Recursos Ícticos.
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