Así lo estipuló Norma Monteagudo, presidenta del Centro de Jubilados “Tercera Primavera”, en diálogo con “el Retrato…”. Luego de reconocer que la policía “hace más de lo que puede”, enfatizó que “los delitos contra personas de la tercera edad deberían tener penas más duras”.
“Esta problemática no ha decrecido porque no ha habido políticas para una mayor seguridad de las personas que son de la tercera edad. No tenemos ningún tipo de respaldo”, llegó a decir antes de afirmar, sin vacilar, “sólo el 10% de los asaltos son denunciados. El resto queda en la nada”.
Consultada por las responsabilidades de los funcionarios políticos y policiales, en primer lugar aclaró que “la policía hace más de lo que puede, pero lamentablemente nosotros seguimos padeciendo la inseguridad. Sabemos que la gran mayoría de los chicos que delinquen son menores y muchas veces el abuelito no puede tener ningún tipo de defensa contra ellos. Encima, cuando preguntamos por qué no cuidan a esos jóvenes, nos dicen que no hay centros de contención suficientes en la ciudad. Pero ese ya es un problema del Estado, que debe mejorar las políticas que necesitamos”.
Para colmo, cuando hacen denuncias, no se sienten escuchados. “Para nosotros es un trámite más. Sale más rápido el delincuente que la persona que está haciendo el trámite. Entonces, el adulto mayor decide quedarse en su casa y no hacer ninguna denuncia. Total, para qué van a esperar tanto tiempo en la comisaría. Obviamente que ante casos que salen en los medios de comunicación, de grandes golpizas, ahí sí se ponen a trabajar”, relató.
Entre los casos más comunes, si bien no todos toman carácter público, las salideras bancarias pican en punta. “Los delincuentes abrazan al abuelo, aparentan ser familiares y le meten la mano en los bolsillos o la cartera que lleva consigo. Encima, por vergüenza el ‘viejo’ no denuncia y se calla la boca”, analizó.
En el final, posterior a una reunión con integrantes del Centro que encabeza, confió que “los delitos contra personas de la tercera edad deberían tener penas más duras, porque el abuelo es un ser indefenso, que no atina a defenderse por miedo a que le hagan algo peor”.
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