Dos delincuentes amenazaron con un cuchillo de grandes dimensiones a la empleada del local “Dulce Deleite” en momentos en que atendía a una clienta. Tras alzarse con 700 pesos huyeron.
De acuerdo a los datos recabados en el lugar por Diario Patagónico, el autor del atraco ya había concurrido al local en dos oportunidades. Según lo reconocieron luego dos de las empleadas, el individuo primero se presentó por la mañana con la excusa de buscar trabajo. Luego, lo hizo en horas del mediodía.
Se presume que el sospechoso observó los movimientos del comercio con la intención de cometer un ilícito. Lo cierto fue que irrumpió junto a su cómplice cuando se encontraba una sola empleada y fue en momentos en que atendía a una clienta.
El ladrón extrajo un cuchillo de grandes dimensiones de entre sus ropas y pidió el dinero de la caja registradora, mientras su acompañante oficiaba de campana. Para esto, la clienta quedó inmovilizaba ante el accionar, pero no le robaron ninguna pertenencia.
La empleada Marcela, en diálogo con este diario, relató que enfrentó al delincuente. “Le dije que había llamado a la policía. Yo les entregué la plata para que se vayan tranquilos”, relató.
El botín del local, que funcionada hace dos años y medio en ese sector del barrio Roca, oscilaba en los 700 pesos, precisaron fuentes policiales.
En un momento dado, el marido de la cliente -quien la aguardaba en su automóvil- observó movimientos extraños y se dirigió al local. Allí, el cómplice advirtió la situación, amenazó al hombre verbalmente y lo hizo arrojarse al piso, pero luego escapó corriendo antes que su amigo. El ladrón que portaba el arma blanca también se dio a la fuga.
Casi de inmediato arribó el personal de la Seccional Tercera para patrullar la zona. Lo curioso fue que unos minutos después del robo un sospechoso de características similares a uno de los asaltantes pasó por cercanías de la panadería y fue reconocido por los testigos. Resultó detenido e identificado como Diego Sebastián Gaya, de 19 años, quien reside en la calle Esquel.
Marcela vivió instantes de gran nerviosismo cuando “ví el cuchillo de cocina grande. Hay que seguir y ponerle un poquito más de pila. Hoy en día es difícil vivir en Comodoro y nunca pensé que me iba a pasar”, reflexionó.
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