Asado, “vino y Central” para contrarrestar la prohibición al público visitante

Asado, “vino y Central” para contrarrestar la prohibición al público visitante
Sin poder ir al parque Independencia y con las sedes canallas cerradas, los hinchas se reunieron en clubes de barrio o en casas para ver el partido.
Sin lugar en el Coloso por la prohibición de la AFA para el público visitante en los estadios, y con todas las sedes propias y bares emblemáticos cerrados para evitar problemas en la vía pública, la hinchada canalla se las ingenió para seguir el clásico ante Newell’s y “alentar desde donde sea”.

En Monteagudo y Vélez Sarsfield, barrio Refinería, un nutrido grupo de hinchas de todas las edades se sumó a una choripaneada a la que alguien invitó y por la cual pagó. Allí hay un club de barrio y la parrilla estuvo a full desde temprano. “Vinimos a las 10”, se ufana un joven hincha, cerveza en mano, que no para de cantar por Central.

Allí, cerca del Gigante, claramente es territorio auriazul. “Una vida canallando”, reza un mural. Hasta los contenedores de la basura están pintados de azul y amarillo en la cuadra en la que los muchachos le repiten a Rosario3.com que este domingo alientan “desde donde sea”.

Banderas, gorros, bombos y hasta un enorme sapo de peluche con la camiseta de Central sirven para esperar el pitazo inicial. Llegó la noticia de que Encina no juega, pero recuerdan el gol del clásico anterior y es ídolo. No son pocos los que lo alzan para sacarse una foto.

Cuando aun faltaba media hora para que los equipos salieran a la cancha, una veintena de pibes tiraban bombas y petardos cerca de Oroño y el río. Coparon la zona de bares de moda con cantos por Central.

Llamaron la atención, por supuesto, a cada uno que pasó por allí. Y a medida que se acercaba el partido y la ciudad iba quedando desierta, se metieron en una casa. Ahí los esperaba una inmensa comida en familia.

Son ocho hermanos con sus padres, hijos, amigos y otros familiares, todos canallas, que se reunieron alrededor de un TV para vivir el partido más esperado del año. Hasta el perro, literalmente, tenía puesta una camiseta auriazul.

La lluvia los traicionó para prender algunas brasas en una parrilla al aire libre, pero recuerrieron a un enorme horno para ponerlos kilos y kilos de tira, vacío, pollo y chorizos que compartieron.

“Esto se mira con asado y vino”, dice un muchacho que está parado al lado de la larga mesa. Asado también, según el encargado de haber cocinado para tanta gente. Se suma y dice que “esto es Central”, emulando al DT Miguel Ángel Russo.

“Es la hora de alentar”, cantaron los canallas cuando Loustau marcó que la pelota debía ponerse en juego. Después, gritaron con alma y vida el gol de Niell y el que erró Orzán cuando el clásico se extinguía.

De tanto cantar, sufrir y gritar, terminaron exhaustos. Y el desahogo los encontró afuera, como había empezado el domingo. Salieron a la calle a quemar los últimos petardos. “Un minuto de silencio, para Newell’s”, repetían. Y empezaron a mezclarse con los bocinazos, a que a esa hora recién marcaban el inicio del largo festejo por el triunfo canalla en el clásico rosarino.

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