Por: Ricardo RoaEl embajador argentino en Beijing ha puesto en las últimas horas un enorme empeño para minimizar el desaire presidencial a China. Y esto es lo que debe hacer. Pero por mucho esfuerzo que ponga, la cancelación del viaje no sólo daña la relación bilateral. Es, también, una muestra rotunda de cómo el Gobierno entiende las relaciones con el mundo.
No hubo reacción oficial de China. Sólo un cable de la agencia estatal que informó de la suspensión y la atribuyó a "razones domésticas". No hace falta mucha imaginación para saber qué están pensando de nosotros. Y seguro que no entienden cómo pueden suceder estas cosas. Muchos aquí, tampoco.
Armar este viaje llevó casi un año, con gestiones personales de funcionarios argentinos en Beijing. Están en juego acuerdos por unos tres mil millones de dólares, sobre todo para la compra de vagones y locomotoras e inversiones petroleras. El propio Kirchner había abierto esta puerta en su visita a China en 2004. Y ahora que se bajó Cristina, amenazan con bajarse también empresarios anotados para acompañarla.
Los Kirchner se manejan con el mundo como si el mundo fuera la Argentina y se pudieran incumplir normas y compromisos gratuitamente. Por mucho empeño que pongan los embajadores, eso es visto afuera como lo que es: un desprecio por la política exterior.

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