Tyson se ríe de los que lo veían perdedor: "Me convencí en el pesaje, él no se bancó la mirada", asegura.
-Y, ... ¿cómo suena que te llamen campeón?
-Uhh... Aún no me acostumbro. Suena muy lindo.
-¿Fue cómo esperabas?
-Sí, la verdad que sí. Yo estaba seguro, sabía que había hecho las cosas bien antes, bajamos de peso, trabajamos con todo en el gimnasio. Por eso en el ring le iba a encontrar la vuelta y romper la cara, como te dije. Cuando lo apurara no se la iba a aguantar, porque él nunca había hecho peleas largas. Igual, es duro el muchacho...
-¿Por las manos que aguantó en el noveno?
-Sí, porque le puse varias duras y no se fue al piso. Pero también él pega. Un par de veces me conmovió con ganchos abajo. Pude zafar y seguir presionando. Desde que agarramos esta pelea sabía que iba a ser dura y me puse en la cabeza eso para no caer.
-¿Te pesó saber que venías 11-1 abajo en las apuestas?
-Mirá, yo te dije que eso era porque no me conocían, porque ésta era mi pelea 16 y todas en la Argentina. Pero que después de la pelea iban a saber bien quién era, je. Yo me tenía fe. Este muchacho tiene experiencia amateur, medallas y lo venían trayendo bien los alemanes. Pero con mi técnico, Carlos Martinetti, lo vimos en unos videos y sabíamos que podía. Me terminé de convencer cuando lo tuve enfrente en el pesaje.
-¿Por qué?
-Porque no era tan alto como esperaba. Y lo miré fijo y no se bancó la mirada. En pelea me costó un poquito entrar en ritmo. Pero cuando estuve sueltito no me pudo parar.
-Tenía buena línea...
-Sí, eso era complicado, pero era como que yo iba y venía, me enchufaba y lo perdía. Y en el séptimo me quedé un poquito, tuve que cambiar el aire. En el rincón, el Bocha Martinetti me tiró un poco de las bolas, je. Me retó y me dijo que me acordara de que había venido a dejar todo. Salí y cuando me di cuenta de que le dolían las manos abajo, supe que ya lo podía llevar adelante. Y no me pudo parar.
Mientras el Tyson del Abasto termina la última frase, suena la puerta con insistencia. Víctor pide disculpas por tener que cortar, porque antes necesita un minutito para hablar a Wilde, allí donde esperan, ansiosos, su señora Carolina, su hija Brisa, de tres años, y sus padres. Casi de prepo, el campeón tiene que cortar. "Perdoname, pero nos están llevando a una fiesta. Seguro que la prepararon para que festejara el ruso, pero yo se las arruiné, je. Chau, nos vemos el lunes o el martes en casa. Y gracias por confiar en mí", cuelga apurado el campeón.
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