Arreglan una escuela después de una protesta

Arreglan una escuela después de una protesta

Los padres habían cortado la calle el martes para reclamar por la falta de baños y el deterioro del edificio ubicado en el sur de la ciudad. Tras el cimbronazo del martes, la tranquilidad volvió ayer a la escuela 4.042 IV Centenario, del barrio Santa Ana I.

Ese día, los papás de los alumnos salieron a cortar la calle debido a las graves falencias edilicias de la institución, en la que los alumnos deben usar baños químicos y tienen clases en aulas de durlock improvisadas.

Los padres protestaron en la calle el martes. Rápidamente, llegaron los medios de prensa y, tras de ellos, funcionarios del Ministerio de Educación y de Obras Públicas que prometieron mejoras. El Tribuno llegó ayer a la escuela para intentar dialogar con los directivos, ya que el martes lo impidió personal de Policía de la Provincia. Los padres se encontraban adentro del establecimiento controlando que los obreros que puso el Gobierno cumplan con su tarea.

Aseguraron que un ingeniero de Obras Públicas estaba realizando un diagnóstico sobre los techos de las aulas y las galerías, como así también en los baños.

Los padres contaron, además, que tras la protesta recién entregaron los kits escolares que debían haber sido dados a comienzo del ciclo lectivo.

La directora, Elisa Solís, asumió el 18 de febrero del este año. Es decir que lleva un mes y medio al frente de la escuela.

La directiva aseguró que todos los pedidos de arreglos y refacciones de cuatro aulas y el baño fueron realizados en tiempo y forma ante el Ministerio de Educación.

La docente mostró los papeles, como así también el cronograma de obras que hizo la arquitecta del Ministerio de Educación, Carolina Martínez.

La directiva confió que enfrenta enormes dificultades para mantener la higiene con 8 baños químicos y la seguridad, con un ala de las galerías cerradas por peligro de derrumbe.

La escuela tiene una matrícula de más de 850 niños, distribuidos en dos turnos, más 15 estudiantes adultos a la noche.

También asisten niños para tomar clases de catecismo o participar del programa Escuelas Abiertas los sábados.

Los techos y las paredes no aguantaron.

Los peligros de derrumbes se hicieron evidentes. Las lluvias no dejaron arreglar las membranas y todo se volvió una bola de nieve.

Fue una sucesión de malestares que desencadenaron en que los padres realizaran una medida de fuerza. Lo positivo de la protesta fue que los obreros ya están trabajando en los techos y que los funcionarios se comprometieron a entregar los baños y un aula en condiciones para el lunes próximo.

Sin embargo, los papás conocen antecedentes de promesas incumplidas, por lo que es permanente su presencia en el edificio corroborando la realización de las obras.

"Si no cumplen con lo que prometieron vamos a volver a las calles y a suspender nuevamente el dictado de clases porque así como está este edificio es un peligro", dijo un papá.

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