Arranca el recambio de colores en calles y plazas

Los lapachos inauguraron la temporada y ahora viene el espectáculo mayor

La llegada de los días templados inaugura en la Ciudad una deslumbrante agenda de colores y perfumes. La floración sucesiva de numerosas especies forestales -lapachos, tipas, naranjos, paraísos-, ofrecerá desde ahora hasta el final del verano un espectáculo siempre renovado, que sólo requiere tomarse un respiro del vértigo urbano para poder ser disfrutado a pleno. Este tesoro al alcance de todos incluye más de cien especies de árboles “de alineación” -aquellos plantados en las veredas- y de diferentes espacios verdes, que ya comienzan a mostrarse con su follaje a pleno, en infinitas combinaciones de tonalidades, formas y texturas, y pronto estarán listos para dar flores. Originarios del noroeste argentino, abundantes en las selvas de yungas de Salta, Jujuy y Tucumán, los lapachos ya “picaron en punta”. Implantados masivamente en la última década sobre la remodelada calle 12, las inmediaciones del parque Saavedra, la avenida 526 en Tolosa, y varias plazoletas de las diagonales 74, 77, 78 y 80, florecen a partir de octubre. Predominantemente rosados, aunque en la especie -denominada científicamente Tabebuia - los hay blancos y amarillos, coinciden en fecha de esplendor con el ceibo ( Erythrina crista-galli ) y sus flores rojas, presentes junto al Lago del Bosque, en las plazas San Martín y Moreno. Las recientes lluvias esparcieron sobre las veredas de calle 47, entre 1 y 12, las intensamente fragantes flores blancas de los naranjos amargos ( Citrus aurantium ). Delicados y de origen asiático, alcanzan apenas los cinco metros y sufren particularmente el vandalismo y la falta de cuidados, tal como se puede verificar en sus enclaves del microcentro. Dentro de pocas semanas, las pequeñas y cuestionadas -por su propensión a quebrarse e inclinarse- falsas acacias ( Robinia ) harán su aporte al colorido de su entorno. De moda en los años ‘70 y `80, hoy en retirada, son al menos 3.500 que abrirán sus racimos colgantes blancos o rosados, por ejemplo en ramblas como la de 19 entre 44 y 60. El mes próximo, varias especies desatarán una segunda tanda de floraciones masivas. Será el caso de los ya emblemáticos jacarandás ( Jacaranda mimosifolia ) de diagonal 73 -entre las plazas Azcuénaga y Rocha-, los jardines de la facultad de Ingeniería, las plazoletas Noche de Los Lápices -8 y 61- y Benito Lynch -8 y 43-, y la plaza San Martín. También conocidos como “tarcos” o palisandros”, tienen una particularidad que acrecienta su impacto estético: cuando lucen sus flores de tonalidades lilas, moradas, lavanda y violáceas, que pueden durar en las ramas varias semanas, pierden casi todas sus hojas. Oriundos de áreas subtropicales, los primeros retoños llegaron a La Plata en la etapa fundacional; mostraron una excelente adaptación, y no sólo eso: los ejemplares menos expuestos al rigor de la intemperie pueden reiterar la floración en el otoño. llanto de verano También desde el NOA llegaron las tipas ( Tipuana tipu ), que pueden admirarse en diagonal 73, entre 1 y 7 -plazas Matheu a Rocha-, la facultad de Ingeniería, plaza Brandsen y la plazoleta ubicada frente a la basílica de San Ponciano. Con hojas ovaladas de color verde opaco, y copas de grandes dimensiones que “lloran” en verano, florecen en tonalidades amarillas entre noviembre y diciembre. Al mismo tiempo lo hacen los más de 3 mil paraísos ( Melia azedarach ) distribuidos por toda la ciudad. Con alturas que pueden rondar los 15 metros y profusa sombra, florecen a fines de primavera con discreto color liliáceo o púrpura, y a la vez perfuman intensamente sus inmediaciones, lo que ocurre en lugares como la plaza Belgrano de 13 y 39 o la diagonal 74 entre 1 y 120. De impacto visual inversamente proporcional a su modesto tamaño, los crespones ( Lagerstroemia indica ) se colman de flores blancas, violáceas o rosadas desde fines de noviembre hasta febrero. Exóticos -llegaron del Extremo Oriente-, apodados “Arboles de Júpiter”, abundan en la zona Sur del casco histórico -por ejemplo, en calle 17 entre 60 y 71- y están cerca del podio en el ranking cuantitativo de la biodiversidad forestal platense, detrás de los fresnos, tilos y acacias. De corteza lisa, con hojas que se oscurecen en las horas finales del día, son caracterizados por los paisajistas como “ideales para el uso urbano” por sus dimensiones y su floración abundante y persistente. Otro de los “hijos” de los montes subtropicales del norte argentino, el palo borracho ( Chorisia speciosa ), se prepara para comenzar a mostrar sus flores rosadas o amarillas que en ocasiones durarán hasta el otoño. Es imperdible el ejemplar de la plazoleta ubicada entre 18, diagonal 75 y 61. También los hay en 51 entre 7 y 10. Identificados desde siempre como esenciales para definir una “identidad” platense, llegados desde Alemania en épocas fundacionales, los tilos ( Tilia moltkei ) están por todas partes. Pero se advierten aún más cuando sueltan su particular fragancia, al promediar la primavera. Sus pequeños racimos de flores blancas o apenas amarillentas son particularmente atractivos para las abejas. Y hay quien les atribuye cualidades medicinales. Entre las 106 categorías taxonómicas -especies, géneros, variedades- y los 81 mil ejemplares que el más reciente censo forestal de la UNLP y la Comuna clasificaron en el casco urbano platense, muchas sobresalen por su cantidad, y otras por sus rasgos estéticos llamativos. La legislación vigente establece que no hay lugar para preferencias individuales en lo relacionado con la forestación, cuyas políticas son gestionadas por el estado municipal; los frentistas son sólo custodios de los árboles que tienen la obligación de conservar en las veredas.

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