Arman un zoológico dentro de otro

Veinte artistas de la motosierra crean 50 piezas para el paseo. Desde hace varios meses, en el Bosque platense, crece un zoológico dentro de otro.
Tigres, elefantes, pingüinos y serpientes surgen desde los troncos abatidos por el devastador temporal del 2 de abril pasado, merced a la destreza e inspiración de un grupo de artistas que fue convocado por la Comuna para consolidar una propuesta inédita en la Ciudad, que cada vez tiene más exponentes destacados a la hora de extraer belleza del árbol caído.

Las flamantes figuras ya visten el ingreso principal del Jardín Zoológico, por avenida Iraola, pero los expertos de la motosierra siguen trabajando. La idea es crear un “circuito temático” con ellas y complementarlas con bancos, mesas y sillas de similar factura.

Una veintena de artistas locales trabaja sobre el tendal de troncos, al que se sumaron algunas piezas traídas desde el Parque Pereyra

“Ante la pérdida de un ser vivo lo convertimos en arte” define la escultora Norma Alarcón su relación con los materiales con los que trabaja por estos días. El fatídico atardecer del 2 de abril, la fauna en cautiverio en el Jardín Zoológico municipal -que también es botánico- quedó a merced de una marejada incontrolable, sin otra ayuda que su propio instinto de supervivencia y el esfuerzo denodado de un grupo de cuidadores. Cuando las aguas se retiraron, dejando su herencia de barro, detritos y desolación, el recuento de bajas incorporó a los animales muertos, paredones derrumbados y cercos arrancados de cuajo, decenas de valiosos ejemplares arbóreos, algunos centenarios, que fueron derribados por las furiosas ráfagas o descalzados por la acción del agua sobre sus raíces.

Desde entonces, por convocatoria de la subsecretaría de Gestión Integral de Residuos y Mantenimiento Urbano, una veintena de artistas locales trabaja sobre el tendal de troncos, al que se sumaron algunas piezas traídas desde el Parque Pereyra, para crear medio centenar de animales en diferentes tamaños y escenas: orangutanes, cocodrilos, tortugas, hipopótamos...

Una jornada típica de trabajo para ese equipo, bautizado “Misioneros del Arte”, insume ocho horas, de 9 a 17, los sábados y domingos. Los protagonistas desbastan, pulen y tallan con precisión, para obtener resultados con frecuencia impactantes. Y en la semana, algunos hacen “horas extra” para avanzar en proyectos especiales.

Es el caso de Norma, quien está esculpiendo tres pingüinos de dos metros de altura por 70 centímetros de anchura y 30 de espesor, que serán pintados de blanco y negro por voluntad de la autora, mientras otros animales quedarán de color madera, pero cubiertos con una capa de sellador o protector.

“Las figuras más chicas se completan en un fin de semana, las medianas -que promedian un metro- en dos” precisa Alarcón, quien trabajaba con piedra como su material principal hasta que dos años atrás fue seducida por las posibilidades expresivas de la madera. Hoy comparte encuentros multidisciplinarios y exposiciones con colegas como Adriana Pantanali, Guillermo Sancholuz, Laura de Larena, Yanina Irure, Fernando Rigone y Verónica Cola, entre otros.

UN PIONERO

A fines de la década pasada, el “arte del arbol caído” comenzó a cobrar notoriedad partir de la irrupción de las obras de Fernando Rigone en el paisaje urbano y el panorama artístico local. Profesor de literatura, Rigone es un autodidacta que hoy promedia la treintena y durante la crisis de 2001 se ganó la vida vendiendo en la puerta de la facultad de Humanidades tallas de madera, estatuillas y juegos de ajedrez.

Comentá la nota