Ariel Pitu Vargas, el sospechoso que entra por una puerta y sale por otra

Ariel Pitu Vargas, el sospechoso que entra por una puerta y sale por otra
Se trata del hermano de la presunta jefa narco conocida como la Yaqui. Desde diciembre lo han detenido tres veces, acusado de tráfico de drogas y homicidio, pero siempre recupera la libertad.
Por escasez de pruebas incorporadas en las pesquisas, miedo de los testigos a la hora de declarar en el expediente y participar en ruedas de personas o, simplemente, errores procesales, Ariel Pitu Vargas, hermano menor y mano derecha de la presunta jefa de una organización criminal que opera en el oeste godoicruceño con la venta de drogas, está libre. Desde diciembre, lo han detenido tres veces por causas de drogas y homicidios, pero su defensa interpone planteos en contra de las acusaciones, y la Justicia de Garantías hace lugar a los escritos de queja. El Pitu Vargas no está sobreseído en la instrucción que sigue el fiscal Gustavo Fehlmann y se encuentra acusado por homicidio agravado.

La última captura del reconocido sospechoso de 28 años "que entra por una puerta y sale por la otra", como se dice en el ambiente policial y judicial, se produjo el viernes pasadas las 8 durante uno de los 12 allanamientos que solicitó y desarrolló la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, a cargo Juan Carlos Caleri, en el Campo Papa y en Chacras de Coria.

El objetivo de las incursiones era encontrar estupefacientes vinculados a la banda que lideraría Yaquelina Vargas. En las viviendas allanadas en el popular asentamiento del oeste godoicruceño, alrededor de las 10, no encontraron casi nada de droga, "sólo un par de porritos", como informaron fuentes de la división a cargo de Caleri. Sin embargo, contaban con autorización de la Justicia federal para ingresar a la coqueta casa donde vive el Pitu Vargas con parte de su familia, en Chacras, Luján. Allí hallaron otra vez al sospechoso y lo detuvieron, porque figuraba en la orden del día por un homicidio ocurrido a principios de octubre del año pasado, cuando en un evidente acto mafioso decapitaron y prendieron fuego a Rubén Cáceres (31) en el Campo Papa, un presunto rival de Vargas en la barriada. El mismo viernes a la noche, el Pitu recuperó la libertad. Primero, porque no se encontró ni un gramo de droga en su casa de Chacras y, segundo, porque la Justicia no había dejado sin efecto el primer pedido de captura que pesaba sobre él por el homicidio. Debido a esto, el hombre abandonó la celda y volvió a la calle nuevamente.

Pero algunos pesquisas policiales se preguntaron el fin de semana por qué estaba libre si está imputado por un crimen. La respuesta no tardó en llegar por parte de la Justicia, que prefirió el off de record por tratarse de un caso y un personaje "muy delicado". Afirman que es un poco de todo: falta de compromiso tanto de los investigadores judiciales como de los testigos. Además, la Justicia de Garantías tampoco colabora demasiado.

Vargas fue detenido por el homicidio de Cáceres el 21 de diciembre del año pasado y fue acusado junto con los Angelitos de la Yaqui, los menores que responderían a la mujer y su hermano (ver aparte). El fiscal Fehlmann ordenó su captura pero a los pocos días, por falta de pruebas, recuperó la libertad. "Su defensa se mueve muy rápido", aportaron fuentes judiciales. Volvió a ser noticia el jueves 7 de marzo, cuando lo apresaron nuevamente por el mismo hecho de sangre en Godoy Cruz.

El fiscal reunió más pruebas en el sumario y solicitó otra vez su captura. Se hizo efectiva a la medianoche a través de personal de Investigaciones, mientras conducía una camioneta tipo utilitario marca Chevrolet modelo Meriva gris, con vidrios polarizados y llamativas llantas de aleación, por el carril Rodríguez Peña. Ese auto no estaba a su nombre (en los registros figura como dueño un hombre domiciliado en Buenos Aires), "como la mayoría de las propiedades que tiene", sostuvieron los detectives a El Sol.

Para Vargas, el fiscal tenía preparados más testigos que, a su vez, podían vincularlo al asesinato. Pero otra vez falló la intención de comprometerlo en la causa: dos de los tres se presentaron a la rueda de personas que llevó a cabo al magistrado en la Alcaidía pero ninguno lo señaló como autor del crimen. Prácticamente, esto le dejó la puerta abierta a la defensa para requerir a la Justicia de Garantías la libertad de su cliente. Esta hizo lugar a lo solicitado, y Vargas volvió a dejar la Penitenciaría, recinto donde se encontraba alojado por orden del fiscal de Instrucción. Si bien continúa imputado porque no ha sido sobreseído en el expediente, confirmó a El Sol el fiscal Fehlmann, el Pitu Vargas está a un paso de quedar definitivamente desvinculado del asesinato con tintes mafiosos, igual que su hermana Yaquelina. "No tenemos pruebas para detenerlo otra vez, ni siquiera con el tema de la droga y la distribución en Godoy Cruz. Las sospechas están, pero las pruebas no aparecen", finalizaron fuentes policiales.

Los soldaditos, presentes en las causas

Rubén Cáceres (31) fue hallado muerto en el Campo Papa, en la zona que se conoce como de la ripiera, el 3 de octubre. Le habían cortado la cabeza para ser colocada luego entre las piernas. Además, le quemaron las huellas para que se demorara su identificación. Previamente, su cadáver fue paseado en auto por el asentamiento a modo de trofeo. "Un claro mensaje mafioso para demostrar poder en el barrio", señalaron fuentes del caso. Gracias a un tatuaje del Gauchito Gil en su espalda, la mujer de la víctima lo reconoció en la morgue. Por este crimen, además del Pitu Vargas, están imputados los angelitos, soldaditos o sicarios de la Yaqui, conocidos como Cara Cortada (de 17 años y detenido el 1 de diciembre) y Arielito (de 16 años y capturado el 12 de enero).

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