Argentina: Justicracia y poder...

Por: Pablo Salgado.

En la Argentina de hoy hay tres poderes bien marcados y definidos: El gobierno, con su proyecto político, los poderes económicos-mediáticos-corporativos, y el poder judicial, que está armando un nuevo escenario, el de la "justicracia".

Algunos creen que el segundo y tercer poder están juntos. No es así. La unión puede ser por conveniencia, circunstancial y temporaria. El poder judicial pretende también estar por encima de los grupos poderosos de nuestro país. 

El gobierno se sostiene a fuerza de logros, base popular, acumulación de recursos para engrandecer al estado, beligerancia y confrontación permanente, convencido que cada segundo que no pelea, contrarrestando el avance judicial, mediático  o económico,  es un segundo perdido y se sacrifica terreno, y espacio para maniobrar.

Este es el torneo de primera en Argentina. Las grandes ligas, los verdaderos tres núcleos que pelean por el premio más importante: Los destinos del país. Lisa y llanamente, todo eso está en juego hoy. La pelea es despiadada y desigual: Mientras algunos deben construir poder poniéndose cada dos años a consideración del pueblo, en una elección donde cada persona representa un voto, los poderes económicos y de la justicia tienen otras prerrogativas. Sus unidades de medida no son 1 a 1, y jamás quisieran que fuera así. El único 1 a 1 que les sirvió fue el de los noventa, hasta que se termino la fiesta y los platos rotos los pagó el pueblo. A los integrantes de estos poderes no los votan, tienen cargos de por vida, sus decisiones son la expresión concreta de la desigualdad ante el ciudadano, y no quieren el gobierno, amasan directamente el poder.

Como en todo certamen, si hay un campeonato de primera, también está la segunda, el "nacional B" del poder. Allí aparece la oposición. Al igual que en España, donde los grandes clubes como el Barcelona o el Real Madrid, tienen sus equipos "B" para el ascenso, en este torneo toda la oposición nacional juega buscando que los equipos grandes de quienes dependen los lleven a primera. Si ascienden, será para ser dirigidos por la justicia o la economía. 

Cada fecha es diferente. Nuevos rivales, nuevas estrategias, o los mismos rivales con mañas nuevas. Una semana, se buscan varias figuras del ascenso para que suban todas juntas. Al otro domingo, conviene traer a uno solo y poner a todos detrás de él. Por eso es muy difícil comparar el gobierno y la figura de Cristina con la oposición, están jugando dos campeonatos distintos...

¿Y siempre fue así? Casi siempre. Cuando algún gobierno de raigambre popular intentó gobernar en serio, sin beneficios para ningún sector en particular, cuando se buscó una redistribución importante de la riqueza de un país, allí siempre aparecieron y aparecen los mismos poderes de siempre: el económico-mediático y la justicracia. 

Una de las tretas que estos poderes tienen es presentar un escenario donde en realidad, ellos luchan a favor del pueblo contra la única casta que hay, la política, como si ellos no tuvieran privilegios. Comparar el poder económico de un integrante del gobierno con los empresarios que quieren decidir quien gobierna y quien no, es como comparar al almacenero de la esquina con el Grupo Arcor...

La justicracia hoy es el objetivo a lograr, el ideal judicial de concepción de poder.

Corporativo, selectivo, soberbio, infalible e intocable, con funcionarios ricos, con poder adquisitivo importante, con beneficios paradojicamente logrados en estos últimos 12 años, con la discrecionalidad de aquel que decide cada día quién va al patíbulo, o a la horca, expresadas en la tapa de los diarios. Hoy la presidenta, mañana el vice, pasado un gobernador, un ministro, un amigo probable testaferro, y cualquiera que se interponga en el objetivo principal: Que Argentina nunca tenga una democracia total, completa, donde cada ciudadano sea igual al otro y con los mismos derechos.

El poder económico-mediático juega en tandem con la justicracia, y prueba como en un laboratorio a los candidatos opositores para ver quien prende y como hacerlo ganar. Están tan consolidadas las variables políticas, sociales y económicas de nuestro país, que la resignación de los poderosos los lleva a buscar un Capriles, y a encajonar al gobierno con Venezuela e Irán, y ganar aprovechando el miedo y la ignorancia de muchos. Volver a los corderos votando lobos.

Como si todo esto fuera poco, al equipo Kicilof-Vanoli se le ocurre profanar el altar sagrado de estos grupos: El dólar. Ese profundo objeto de deseo, ese papel que remite a free shop y a Miami. Es imperdonable que por una vez convenga invertir en otros instrumentos. Putea por lo bajo la jueza, recordando esos 20.000 dólares que compró en negro, en el primer piso de una casa de cambio, coqueta como siempre y con hedor a perfume francés, y que pagó a 16,50 por unidad.  

El gobierno tiene, comete y cometerá muchos errores. No es el objetivo de este artículo analizarlos ni enumerarlos. En todo caso, si reiteramos que cada dos años, y cada día en los debates y en el congreso, se somete a la voluntad popular. Los otros no. Y es cierto que un empresario rico y multimillonario no tiene porque rendirle cuentas a una sociedad,  si con su sagacidad amasó una fortuna. El problema es cuando la usa para voltear un gobierno. Ahí es muy diferente.

Una periodista de TN, hace unos años en una entrevista radial, me decía antes de arrancar la charla para promocionar su libro, una novela policial: "Mira, nosotros la vemos pasar, ni nos metemos en la lucha gobierno-clarín, en todo caso, es una pelea entre Cristina y Magnetto". En su visión de poder, equipara millones de votos con poder económico. La "única" diferencia en esto es que a Cristina la votaron más de 10 millones de personas, y Magnetto no se presenta en una contienda electoral. "Presidente, puesto chico", dicen que dijo alguna vez...

La justicracia tiene sus propias herramientas de acción y presión. Tomando un concepto que conocimos con los embates de los fondos buitres, hoy la justicia nacional es una verdadera "task force". Un grupo de choque a fuerza de acusaciones, imputaciones, fallos, marchas, hipocresía y soberbia. Las coordenadas de la justicracia son los procesos y los tiempos. En el fragor de lo cotidiano, en la comunicación del zócalo y la tapa, millones no saben ni se preguntan si hay una acusación firme, una imputación coherente, una causa con pruebas. Lo único que sirve es tener siempre en vilo algún caso que introduzca al kirchnerismo en los tribunales. Y punto. Esos son los procesos. Y los tiempos son la expresión cabal y concreta de la infalibilidad de los jueces: Un 08 flojito de la década del noventa  tiene más peso que avanzar en un crimen de lesa humanidad, un número que no cierra en una declaración jurada es mucho más importante que evadir miles de millones de dólares en connivencia con un banco. Los jueces determinan que avanza y que duerme, que carpeta queda arriba y cual va al archivo. Y los medios se encargan, de mantener el tema bien caliente.

Lo positivo. Nunca se llegó tan lejos. A las entrañas del poder intocable de la historia argentina. Ese conglomerado de jueces, poderosos, servicios de inteligencia, medios de comunicación, empresarios, industria, campo, gremios, que cortaron siempre el bacalao. Dejaban "jugar a la democracia" hasta que alguno se quería "pasar de la raya". Y nunca se quitaron tantas caretas. Hoy la gente sabe leer mucho mejor que hay detrás de cada movida, incluido el gobierno. Han bajado las cantidades de consumo de vidrio para comer entre los argentinos. Y eso es bueno...

Es cierto que muchos estamos hartos de la grieta, y no queremos profundizarla más. Quienes estamos seguros de lo que queremos, y del país que buscamos, no perdemos nuestras convicciones entrando en diálogo con quien piensan distinto, sino todo lo contrario, reafirmamos nuestras convicciones. Pero somos muchos los que no queremos que Argentina sea gobernada por una casta, y que vivamos en una democracia de mentira. Que la justicracia deje los tribunales, renuncie a sus suculentos sueldos y a no pagar ganancias, y que se acerque a las arenas de la política, que haga campaña, que llegue a algunos barrios periféricos y ciudades inhóspitas que por ahí no conocen, que tomen mate con viejas desdentadas y abracen niños con mocos,  y que presenten propuestas sobre que país quieren.

Por último, para que los candidatos opositores dejen de jugar en la "B" y pasen a primera, revisen sus discursos y sus propuestas. Los argentinos en su mayoría no quieren gobernantes que cada dos por tres vayan a una embajada a "pedir consejo", ni que se cubran y se guarden bajo el ala del poder económico y mediático.

El debate político del 2015 no solo define las elecciones de este año. Está en juego la vida social, educativa, política y económica de la próxima década. Queremos tres poderes maduros, articulando y actuando de cara a la gente, nunca uno sobre otro, como pretende la justicracia. 

Justicracia: Ese deseo de algunos de poner en la cúspide del poder a una decena de personas para que, mirando la arena de este foro romano, levante o baje el pulgar sobre el destino de los gobernantes, los proyectos políticos, y las libres elecciones de la gente.

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