La Conferencia Episcopal advirtió en un nuevo documento sobre el crecimiento del delito que, además, aumentó en su agresividad. Los obispos compararon la corrupción a un cáncer social.
El documento -de dos carillas, titulado “Felices los que Trabajan por la Paz”- fue redactado en el marco de un plenario de obispos que sesionó esta semana en la casa de retiros El Cenáculo, en Pilar. Y se difundió en medio de una polémica entre el Gobierno, que le achaca a los medios magnificar la cuestión de la inseguridad, y la oposición, que lo acusa de ocultar las cifras del delito. La declaración de la Iglesia se suma a otra de su anterior plenario, de noviembre, en la que advirtió con dureza sobre el avance del narcotráfico.
Esta vez, los obispos dicen que “ es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen”. Señalan que “la reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación ”. Pero subrayan que aquellas “de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada ‘justicia por mano propia’”, en alusión a los recientes linchamientos a presuntos delincuentes. Y dicen que los medios “no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y el dolor ”.
También destacan que “no se puede responsabilizar y estigmatizar a los pobres por ser tales. Ellos –agregan- sufren de manera particular la violencia y son víctimas de robos y asesinatos, aunque no aparezcan de modo destacado en las noticias”. Y añaden: “ Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencia las situaciones de exclusión social ”. Además, los obispos puntualizan que “muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan quedan expuestos a diversas formas de violencia”.
En cuanto a la corrupción afirman que “desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitos –indican- habitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzando la impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la república y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley”.
“Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos construir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad”, advierten. Más adelante, dicen que “los reclamos de nuestros derechos deben ser firmes, pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás ”, en implícita referencia a los cortes de calles y rutas.
Por otra parte, afirman que “frente al delito, d eseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la justicia –agregan- deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia”.
Comentá la nota