Más de la mitad de la población señala que su entrada mensual de dinero no le alcanza para satisfacer sus necesidades básicas. Historias de un país negado desde el poder y que afecta a millones de argentinos en su desenvolvimiento diario. Números que revelan el escepticismo nacional hacia la marcha económica del país
La situación ha llegado a grandes ribetes, donde por ejemplo la sociedad entera ha tenido que resignar parte de lo que antes compraba o hacía, como por ejemplo ir al cine o a un espectáculo deportivo, o comprarse una buena vestimenta para ir a trabajar o distintas clases de alimentos, cuidando de esta manera cada centavo que se gasta, porque cada vez se les hace más difícil llegar a fin de mes con el salario que ganan en su trabajo.
Nuestro país está inmerso en una realidad por demás complicada, donde los diferentes sectores de la economía comienzan a sufrir la inactividad de los mismos, con consecuencias totalmente impredecibles de cara al futuro, dejando a la Argentina en un proceso cargado de incertidumbre en la peor debacle económica de décadas.
Un informe efectuado por la Escuela de Economía "Francisco Valsecchi", de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA), señala que el 51 por ciento de los argentinos declara que la entrada de dinero mensual de su familia no le alcanza para vivir con decoro y el 49 por ciento sostiene que sí le alcanza.
Además, en el estudio de la alta casa de estudios, se especifica que la proporción de entrevistados que sostiene que la entrada de dinero mensual de su familia no le alcanza para vivir con decoro creció 8 puntos con respecto a febrero de 2010 y es la más alta de los últimos cuatro años, lo que da cuenta de una realidad que desde las autoridades económicas se busca tapar y no asumir como un grave problema para las familias argentinas.
La percepción de que el ingreso familiar no alcanza para vivir con decoro, según la encuesta de la UCA, "es mayor entre las mujeres (53% vs. 48% en los hombres), en los entrevistados de 50 a 64 años (61% vs. 45% en los más jóvenes), de menor nivel educativo (56% vs. 38% entre los universitarios), menor nivel socioeconómico (58% vs. 26% en la clase alta) y en el GBA (53%) versus 51% en el Interior y 43% en Capital Federal)".
Los datos mostrados con anterioridad dan cuenta de una realidad injusta que vive la mayor parte de la población de nuestro país, con las clases acomodadas que sufren menos estos coletazos de la crisis financiera internacional, y con una clase media, media baja y baja que siente enormemente los efectos de la misma, necesitando la mano de los funcionarios para paliar los efectos y empezar a crecer nuevamente como en años anteriores.
Basta empezar con los efectos devastadores que produce la inflación en los sectores más pobres de la población, para ver que la supuesta teoría del “derrame K” que tanto se suele manifestar desde los medios estatales y paraestatales queda en la nada, ya que la gente ve diariamente cuando realiza sus compras aumentos sustanciales en los productos de primera necesidad que componen la canasta básica de alimentos.
Cifras que muestran una realidad que muchas veces no se quiere oír desde el poder y que desde los sectores más ligados al matrimonio presidencial tratan de negar, aseverando que todo se debe a una campaña mediática para desprestigiar al gobierno nacional, sin darse cuenta que es imposible querer ocultar el cielo con las manos.
Situación preocupante que no es nueva, sino que viene de arrastre y que puede complicarse en un futuro cercano si no se toman medidas urgentes por parte de las autoridades económicas responsables del bienestar de más de 40.000.000 de argentinos que esperan vivir en un país próspero y floreciente como el que supo ser hace unas décadas atrás.
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