Es en Posadas, en el barrio Prosol 2 de Itaembé Miní. Por iniciativa de un grupo de adolescentes, se enseña a un grupo de 40 chicos
n grupo de unos 40 chicos y adolescentes del barrio Prosol 2 de la ciudad de Posadas, aprenden artes marciales mixtas en una pequeña edificación que no tiene techo, ventanas ni puertas y tienen como segundo objetivo ponerlo en condiciones y recuperar la cancha de fútbol y los juegos infantiles.
El barrio Prosol 2 está ubicado en el sector tres de Itaembé Miní y hasta hace unos años atrás era más conocido como Ciudad Perdida, por estar ubicado prácticamente en el medio de la nada, con servicios básicos a medias y con la lucha de la tenencia de las tierras. Ahora se puede ingresar al barrio por la reciente apertura y continuación de la avenida Jauretche y con el empedrado el acceso es mucho más fácil y hasta se puede hacerlo ingresando desde el sector Sur, por la avenida Alicia Moreau de Justo o por la propia avenida 147, a la altura del barrio Terrazas.
“Cuando nos enteramos de la motivación y de la decisión de los chicos, sin dudas que los apoyamos desde la comisión vecinal, ellos están muy decididos a recuperar este espacio verde que empezó a quedar abandonado desde el tornado del año 2007”, detalló a El Territorio Juana Ibañez, una de las integrantes de la comisión barrial que ya cumple su segundo mandato desde que pudieron conformarse y organizarse para poder conseguir distintos programas, planes y talleres para el barrio y sus habitantes.
En 2007, el barrio estaba en plena lucha por su identidad y su conformación definitiva como tal. Por entonces, en el espacio verde por el cual se unieron los chicos, contaba con una precaria construcción de madera que servía como salón de usos múltiples. Pero el tornado de 2007 se ensañó con ellos y los dejó sin ese pequeño espacio.
“Con la ayuda de Bienestar Social empezó a construirse este nuevo salón, pero con el paso del tiempo el envión se empezó a diluir y quedó así, a medio construir”, explicó Juana, que junto a otros padres interesados en salir adelante, lamentaron que la lucha por la tenencia de sus terrenos, “sólo le falta una firma a los papeles y es del dueño de los terrenos”.
Pero gracias a la conformación de la comisión vecinal, ellos también fueron uno de los dos asentamientos beneficiados con el plan nacional de urbanización. El otro barrio posadeño es el de la chacra 145, en el ex bas ural, en jurisdicción de la delegación de Santa Rita.
El fútbol y las artes marciales
Micael Monzón es uno de los jóvenes del Prosol 2 que empezó a movilizar a los más chicos para volver a ocupar la cancha de fútbol, que cuando se iniciaron con los entrenamientos, las luces no andaban en su totalidad y el predio estaba casi tapado de malezas.
“Empezamos desde abajo, muy desde abajo, empezamos a entrenar sin nada pero con el apoyo de la gente y yo muchas veces tuve que pagar de mi bolsillo, como por ejemplo, para comprar pelotas”, explicó Micael, que también recordó que entre ellos se “amañaron” para arreglar las luces “pero pusieron focos de 100 y no queremos que tengan un accidente”, agregó otra integrante de la comisión, preocupada por la seguridad de los chicos y adolescentes que tuvieron que arreglárselas como pudieron para llegar a lo alto de los palos para poner los focos nuevos o conectar de nuevo a la red de electricidad del barrio.
Según se dijo, el propio presidente de Emsa, Sergio Ferreyra, se comprometió a dotarles de iluminación a la cancha y a todo el sector del espacio verde, que por la noche es difícil hacer actividades a media luz.
“Pero lo hacemos, porque se puso un reflector que da al salón sin techo”, se explicó.
De acuerdo a Micael, por ahora son unos 30 los chicos que asisten a los entrenamientos de fútbol, “ pero por ahora estamos abocados a las clases de artes marciales”.
Disciplina y tolerancia
César Benítez es quien está a cargo de las clases de las artes marciales mixtas y sin vueltas admitió que todo empezó “cuando me dí cuenta que estaban entusiasmados y se engancharon con las artes marciales. Yo soy profesional y propuse unir a los chicos del barrio aprendiendo defensa personal, pero sobre todas las cosas, lo que permite esta actividad es disciplina y tolerancia, a no pelear en la calle porque sí nomás. Creo que ellos están viendo que lo que queremos transmitir es que en lugar de hacerlo en la calle, que vengan acá y practiquen, si están enojados, que se saquen las ganas de golpear acá”, dijo Benítez, que confía en que puedan recibir la ayuda necesaria.
“Para la práctica en sí de las artes marciales, necesitamos con urgencia las planchas tatami (tipo tapices para trabajar en el piso) y obviamente que nos ayuden con el techo y las aberturas. Hasta creo que si nos dan los materiales, nosotros podemos ser la mano de obra”, aseguró César Benítez, que sin saber cómo serán los próximos días, semanas o meses, también tienen ganas de incorporar a las actividades, el aeróbic y el zumba, para todo los del barrio.
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