La India tiene 3.287,590kilómetros cuadrados y 900 millones de habitantes; la República Argentina 4.024.692 kilómetros cuadrados y 40 millones de habitantes, según estimación a diciembre 2014.
En nuestra superficie territorial caben los territorios de Alemania, Nueva Zelanda, Israel, Japón, Corea del Sur, Noruega, Finlandia, Singapur, y Holanda.
Algunos tienen tierras áridas o muy pocas riquezas naturales. Otros están rodeados por países hostiles. Pero no dejan de prosperar. ¿Por qué ellos pueden ser exitosos y nosotros no? ¿Por qué Israel - más chico que Tucumán - es una potencia mundial? ¿Por qué Corea del Sur - cabe en el territorio de Salta - es líder en tecnología? Nueva Zelanda es uno de los países con mejor calidad de vida del planeta.
¿Por qué a nosotros nos falta mucho para eso? No podemos echarle la culpa a la geografía, pero seguramente sí a la historia. ¿Somos nosotros o quienes gobiernan los que deciden los pasos del progreso? Todos los argentinos podemos (y debemos) pensar en la responsabilidad que nos corresponde para que al momento de cantar el Himno Nacional pensemos en la trascendencia de nuestro juramento. Para que al contemplar a nuestra bandera nacional pensemos que ha flameado en momentos auténticamente heroicos. Para que al llegar a los niveles de deliberación y decisión se estudie y se proyecte con honradez hacer imposible toda gestión que pueda calificarse corrupta.
Pensemos seriamente por qué no podemos ser tan prósperos como Corea, Nueva Zelanda, Alemania o Israel. Es real nuestra riqueza potencial, están comprobados los recursos naturales tan importantes que atraen la atención de los países poderosos (agua, energía, tierras fértiles, hidrografía generosa que no aprovechamos totalmente, montañas que son gigantescos cofres de riquezas exploradas y otros por explorar) para pensar seriamente y obrar en consecuencia. Tal vez sean pensamientos dislocados, como este razonamiento que aparece en mi pantalla interior, al leer algo sobre el tema. Estamos a tiempo de cambiar muchas cosas, de limpiar el ambiente argentino de innobles apetencias, y retomar los caminos de la recuperación que soñaron los patriotas de 1810, los caudillos y sus gauchos que murieron por federalizar nuestro suelo, y los que hicieron posible abrir los brazos a todos los hombres de buena voluntad.
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