Ella tiene quince años y él dieciseis, y son novios desde hace dos. Se fugaron de sus casas y ayer se comunicaron con los padres del joven para manifestarles la decisión de volver.
Sabrina Daiana Santander, de 15 años, y Rodrigo Miguel Navarro, de 16, decidieron huir de sus casas el viernes pasado por la tarde. Las primeras informaciones daban cuenta de que habían viajado a Mendoza. Sabrina vive en la zona de Villa Laredo, en tanto que Rodrigo, en Villa 25 de Mayo.
El calvario que vivió la mamá de Sabrina es indescriptible, según le relató a Diario San Rafael: "El viernes se levantó bien y me dijo que se encontraría con Florencia, una de sus mejores amigas, pero en la noche cuando no volvió comencé a desesperarme". Verónica Garrido de Santander relató que los problemas con su hija empezaron cuando comenzó a noviar con Rodrigo Navarro, a los 13 años. "Nunca estuvimos de acuerdo con este noviazgo, la llevé a un psicólogo para que comprendiera que todavía es muy chica para tener una relación tan seria, ya que quieren irse a vivir juntos, pero fue unas pocas sesiones y no volvió al consultorio".
Desde el viernes no dormía nadie en la casa, "apenas si tuvimos tiempo de comer. Tengo cuatro varones y Sabrina, todo fue muy feo", narró la madre. Dijo que la familia del chico es la que estuvo todo el tiempo manejando el tema de comunicaciones y que Rodrigo es maltratado por su padre. No quiso culpar a nadie en particular, pero sospecha que alguien mayor está detrás. Y agregó: "Sospecho de la madre, pero no puedo culparla hasta no saber más de lo que pasó entre el viernes y el domingo (por ayer), que fueron encontrados. Lo sabré cuando hable con Sabrina".
Sobre los rumores de si la droga habría tenido algo que ver, la señora explicó: "Yo nunca los vi con drogas, pero no estoy segura, hay muchos comentarios y no sé si eso podría estar influyendo a mi hija".
Lo concreto es que, en las últimas horas, la casa de Granaderos al 300 estaba conmocionada. Recién ayer a las 7 de la mañana, cuando recibieron la comunicación de que habían sido localizados, llegó el alivio al hogar. Aunque la madre afirmó: "Todavía no sé dónde estuvo ni qué hicieron, pues sólo se comunicaban a través de la familia Navarro".
La historia es compleja, ya que Verónica se enteró por los profesores de la escuela a la que asiste su hija de que no iba a clases "y todos los días salía a estudiar y se rateaba". En el caso de la desaparición, la jueza Paula Arana, a cargo del Primer Juzgado de Instrucción de San Rafael, autorizó la difusión de las identidades para apelar a la ayuda de la comunidad.
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