Por Eduardo van der KooyEn las últimas horas Nilda Garré, a través de dos medios oficiales, hizo una serie de anuncios que, directa o indirectamente, se vinculan con la inseguridad. De la lectura global de aquellos anuncios queda una primera conclusión: en casi ocho años de Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner nada se hizo sobre el tema que más preocupa a la sociedad, según lo señalan las encuestas.
La ministra de Seguridad comunicó, por ejemplo, que se convocará a los vecinos a ejercer el control de las fuerzas de seguridad. Para eso se realizarían foros barriales. Parece claro que los vecinos podrían aportar información sobre el cometido de delitos. Parece mucho menos claro cómo los ciudadanos controlarían a las fuerzas de seguridad cuando éstas son las que, en origen, deben garantizar la protección a la comunidad.
Garré comunicó también que se revisarán los cursos de formación policial y que cualquier medida se adoptará junto con la Cancillería. El anuncio coincide con la escalada del Gobierno con Washington, a raíz del avión que trajo material bélico para un adiestramiento de policías de elite.
Garré confirmó además una noticia de Clarín . La cédula y los pasaportes dejarán de ser confeccionados por la Policía. La razón ministerial: tener más efectivos en la calle y menos detrás de los escritorios.
Una explicación atendible .
La ministro no dijo nada, en cambio, si el Registro Nacional de las Personas que hará aquella tarea y depende del Ministerio del Interior manejará la sensible información de millones de personas que alguna vez tramitaron sus documentos.
Puede convenirse que aquella información en manos de la Policía nunca infundió demasiada tranquilidad. Menos tranquilidad existiría, tal vez, controlada por un Gobierno que no dudó muchas veces en violar el secreto de vidas privadas con fines políticos , para amedrentar y perseguir.


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