En su primera final en la historia, el Granate comenzó la serie de siete partidos con dos derrotas en Corrientes. Hoy será local y con su gente espera ponerse 2-1. El miércoles, nuevamente en casa, jugará el cuarto choque.
El proceso de crecimiento y maduración del básquetbol granate comenzó a mostrar sus mejores frutos hace tres años. En la temporada 2010/2011 quedó eliminado en lo cuartos de final de los playoffs ante Libertad y el año pasado cayó en la misma instancia frente a Regatas. Precisamente ante el conjunto correntino, Lanús disputa por primera vez en su historia (tampoco su rival tenía antecedentes en la serie decisiva) la final de la LNB.
Al eliminar en las semifinales a Peñarol y cortar así la hegemonía del equipo marplatense, campeón en los tres torneos anteriores, el conjunto dirigido por Silvio Santander escribió su página más gloriosa.
La serie final tuvo un inicio doloroso para el equipo sureño. Los primeros dos partidos de la serie, disputados en Corrientes, fueron con victorias para Regatas; en el cotejo inaugural se impuso 90-64 (parciales de 18-14, 25-15, 25-13 y 22-22) y luego 65-55 (14-19, 20-5, 22-18 y 9-13). En el choque inaugural no hubo equivalencias y el quinteto inicial de Lanús apenas sumó 28 puntos (Robert Battle 12, Adrian Boccia 9, William Mc Farlan 4, Nicolás Laprovíttola 3 y Carlos Schatmann 0), mientras que el resto llegó desde la banca (Nain Pérez 12, Fernando Martina 12, Facundo Georgi 6 y Patricio Prato 6)
“Nunca te podés ir conforme cuando perdés, pero nos dimos cuenta que somos dos equipos parejos. Más allá del mérito de Regatas, que defendió bien, nosotros erramos muchos tiros de alto porcentaje”, analizó Santander tras la segunda derrota. Quien confió en la recuperación de la puntería: “Estoy tranquilo, porque son tiros que han metido todo el año y los van a seguir metiendo”.
El entrenador destacó además que “el foco de atención fue mucho más importante (que en el primer partido), los jugadores tuvieron mucha actitud y una gran mentalidad”. Así, marcó la diferencia respecto del primer partido.
Nicolás Laprovíttola reconoció que en el inicio de la serie fue muy pobre lo que produjeron: “Arrancamos la serie final en el segundo partido, después del juego casi nulo que tuvimos en el primero”. El base confía en lo que puede significar jugar en el microestadio Antonio Rotilli: “Ahora nos toca jugar en casa donde somos muy fuertes”.
“Quisimos crearle a Regatas la sensación de que el partido en un momento puede írsele de las manos, pero no lo pudimos hacer”, reconoció Santander.
Respecto de lo que será la fisonomía de su equipo en los próximos dos encuentros, el cocah ratificó que insistirán en los mismos argumentos que los llevaron hasta el lugar el lugar de privilegio que alcanzaron: “No vamos a modificar mucho para los partidos de local. Tenemos que mejorar el ataque y pensar en el partido del lunes. Hay que arrancar bien la serie en Buenos Aires y saber que esto es largo”.
Después del primer partido, Santander había reconocido el tenor de la derrota (“Jugamos mal, no hay ninguna excusa. Estuvimos erráticos y no encontramos el juego que pretendimos hacer. Además, en defensa cometimos muchos errores. Tendremos que trabajar duro para mejorar”) y desde ese piso preparó con sus jugadores el encuentro siguiente. Ahí Lanús apreció con otra estirpe, desde los basquetbolístico y también en cuanto a lo anímico. Pese a que cerca del final estuvo a cinco puntos de distancia en el marcador, no logró traducir la mejora en un triunfo. El segundo cuarto (lo perdió 20-5) terminó siendo una hipoteca que luego el Granate no logró levantar.
Lanús inició la serie con un partido que no lo tuvo a la altura de las circunstancias. Con vergüenza deportiva y rápida reacción recuperó su forma en el segundo encuentro, en el que pese a la mejoría no logró igualar la serie. Sin embargo confía en conseguir esa puesta en tablas con los dos partidos que disputará en su casa. El Granate sabe que el desafío es complejo y que solamente podrá sostener sus ilusiones de campeón si gana los partidos de hoy y el miércoles.
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