Antes que se enfríe

Antes que se enfríe
Los docentes vuelven a clase luego de más de dos semanas de paro. Aceptaron la última propuesta de Provincia. Apareció el dinero y la voluntad. Los docentes empezaban a sentir el malestar ciudadano. Ahora tendrán, la oportunidad, ambos, de discutir cómo se mejora la Educación más allá del salario.
La discusión salarial docente es un clásico de temporada. Esta vez, los docentes y sus gremios fueron más allá al establecer una estrategia de negociación de tipo “blitzkrieg” donde el paro por tiempo indeterminado ganó la escena sin dar lugar a las medidas de fuerza progresivas típicas de la lucha gremial. El escaso apego a la metodología clásica incluyó ignorar también una discutida conciliación obligatoria, una herramienta que es tan legítima como el derecho a huelga.

Del otro lado, la Provincia y un vínculo con el sector que está atado con hilachas. Salarios bajos -más bajos que en otras provincias- serios problemas de administración central que provocan atrasos en los pagos, errores en las liquidaciones y una lista inconmensurable de conceptos en los recibos que evitan el blanqueo, liso y llano, de los haberes.

Al mismo tiempo, un ambiente de trabajo inhóspito por los severos problemas de infraestructura en donde los faltantes son recurrencias que impactan fuertemente en la calidad laboral del trabajador de la Educación y de los alumnos.

Pero la discusión salarial parece absorberlo todo. Los argumentos de una y otra parte se diluyen en el aire una vez zanjada la cuestión. Las críticas por el escandaloso ausentismo docente y la escasa contracción a la capacitación permanente se van apagando al igual que los argumentos que los trabajadores dan durante la lucha para demostrar que no es “sólo” el bolsillo lo que los mueve a la rebelión.

Y el año próximo reaparecerán, casi con seguridad, similares argumentos.

No sería desatinado pensar en poner fin a esta secuencia desgastante e improductiva. Y acordar un debate profundo y permanente acerca de la situación de la educación bonaerense que flamea hecha un fleco del mástil cada vez más bajo de las expectativas.

Debatir, por ejemplo, cómo se hace para hacer convivir la escuela “contenedora” con la escuela de calidad formativa, en todos los sentidos que tiene la palabra “formativa”. Cómo se hace para devolver a la institución el estatus de garante de movilidad social que durante años tuvo la escuela argentina y responder a las familias que ven en el paso por allí un puente hacia el futuro de sus hijos. Cómo se hace para devolver el orgullo a los trabajadores del aula y la necesaria apreciación del conocimiento a los estudiantes. Y en ambos casos, el respeto y la consideración.

Y todo eso ahora. Antes de que se enfríen los ánimos, esa tensión que dejó la batalla y puede pasar de la bronca a la creatividad si se la encauza estratégicamente. Docentes y gremios mirando hacia adentro y hacia afuera; padres colaborando a pensar un proceso que no termina en las aulas; gobierno provincial asumiendo que la cosa va de mal en peor.

Y mucho peor que ahora resulta difícil de imaginar. Aunque el año que viene podría volver a sorprendernos la infinita extensión del deterioro.

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