Durante toda la etapa anibalo-villordista, las empresas de telefonía celular aparecieron alineadas con la conducta imperante en el distrito colocando antenas a diestra y siniestra, escudados en la protección que les ofrecía el poder municipal.
CURIOSIDAD II
A esta altura, sus interlocutores ya estaban agrupados como los vecinos autoconvocados. Con el correr de los meses algo pasó. Las empresas nunca llegaron a ponerse a la cabeza del esclarecimiento de las sospechas, en relación a las antenas que necesitan colocar.
La curiosidad es que estamos hablando de empresas especializadas en la comunicación. Y llamativamente volvieron a cerrarse como en los tiempos anibalos-villordistas, abandonando todo interés por responder el reclamo de la ciudadanía, cuyo humor conocen perfectamente.
Las antenas se siguen colocando; ahora Olivares habla de derechos adquiridos de las empresas, aún como si desconociera la existencia de una ordenanza recientemente aprobada; y los vecinos miran como lentamente se vuelve a recrear el mismo clima anterior, como si por efecto de algún cambio, los funcionarios locales hayan pasado a ser los defensores de los intereses privados.
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