Para la ONG es un obligación del Estado reformar el Régimen Penal Juvenil tal como lo recomiendan organismos internacionales. Se manifestaron en contra de baja en edad de imputabilidad.
A partir de la reforma de 1994, forman parte del bloque de constitucionalidad distintos tratados internacionales que definen normas a las cuales Argentina se obliga, entre ellos la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH) y en particular la Convención de los Derechos del Niño (CDN), gozan de tal jerarquía. En ese marco, pese a la obligación del Estado de adoptar las medidas necesarias, incluyendo modificaciones legislativas, para garantizar que los menores que hayan sido acusados de cometer un delito sean sometidos a un sistema de justicia juvenil excepcional y especializado, la Argentina no armonizó por completo su legislación interna con los principios establecidos en la CDN, indicaron miembros de Andhes.
En nuestro país conviven actualmente normas que reconocen a los niños como sujetos de derechos de conformidad con las disposiciones de la CDN, con un decreto de la última dictadura militar (22.278) que responde a una concepción claramente tutelar de la infancia y de control social de la infancia pobre, remarcaron desde la organización. Dicho decreto permite un tratamiento igual al de los adultos para personas entre los 16 y los 18 años, en conflicto con la ley, en tanto permite, a discreción del juez, la imposición de las sanciones previstas en la normativa penal ordinaria (medidas tutelares). "En otras palabras, en nuestro país, niños y niñas de menos de 16 años de edad no son punibles pero pueden ser privados de su libertad, o lo que es lo mismo, son inimputables pero son igualmente privados de su libertad, producto del margen de arbitrariedad y discrecionalidad de la normativa", explicaron desde el área de niñez de la ONG.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos, recientemente cuestionó a la Argentina por el caso de niños condenados a perpetua y dispuso que "el Estado deberá ajustar su marco legal a los estándares internacionales en materia de justicia penal juvenil, y diseñar e implementar políticas públicas con metas claras y calendarizadas, así como la asignación de adecuados recursos presupuestales, para la prevención de la delincuencia juvenil a través de distintos tipos de programas.
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