La pueblada de ayer contra la minería a cielo abierto culminó con el repliegue policial y saqueos en comercios adyacentes a la plaza. La ciudad de Andalgalá luce devastada al igual que sus habitantes.
El desalojo se inició cerca de las 17 cuando los antimineros que se mantenían acostados en la ruta fueron llevados a la fuerza y detenidos. Esta acción provocó la reacción de los vecinos y desató una pueblada que se trasladó a la plaza principal de Andalgalá donde los manifestantes exigieron la libertad de mas de una decena de demorados y las renuncias del intendente de Andalgalá, José Perea y el gobernador Eduardo Brizuela del Moral, a quienes acusaban de entreguistas "cipayos" de las multinacionales.
Cerca de las 18:30 horas los ambientalistas no fueron atendidos por la fiscal de turno Marta Graciela Nieva. "La fiscal vio toda la represión, pero no nos quiere atender ante el reclamo por los detenidos. Nosotros vamos a seguir en la lucha aunque no les guste" afirmaronn los vecinos, quienes gritaban que "la policía de Andalgalá y la de la provincia vinieron a proteger a los mineros y promineros".
Pasadas las horas los ánimos se fueron enardeciendo y los manifestantes quemaron una camioneta y destruyeron las oficinas de Agua Rica y ocasionaron daños al edificio municipal.
Los gases lacrimógenos, balas de goma y ladridos de perros policiales no pudieron con los casi 600 frenéticos andalgalenses.
Ante la virulencia de los acontecimientos y temiendo por una fatalidad, una orden del Ministro de Gobierno, Javier Silva, dispuso el repliegue de las fuerzas policiales. Entonces, con el camino libre, comenzó una ola de saqueos de comercios aledaños a la plaza céntrica protagonizados por encapuchados oportunistas.
Recién cerca de la una de la madrugada de este martes una tensa calma se apoderó de la ciudad de Andalgalá que luce devastada con un pueblo maltratado y dividido por la maldición del oro que yace en sus entrañas.


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