Por: Ricardo Roa.La sofística es el "arte" de hacer pasar lo falso por verdadero. Los sofistas nacieron en Grecia y con su retórica le daban letra a los políticos para justificar cualquier cosa. Es lo que practica Aníbal Fernández casi todo el tiempo, como en el caso del fraude en Aeronavegantes.
Una verdad al gusto de Fernández: esos dos fallos no fueron simultáneos. El primero ordenó desalojar y no lo cumplió. Después apareció el otro, a favor de la lista del fraude y sacado de apuro en un juzgado de Lanús. La misma Justicia lo declaró improcedente. El sofisma de Aníbal es hacer creer que no actuó porque había recibido órdenes contradictorias. Y otro sofisma es decir que está "en el medio" de dos bandos, cuando de hecho actúa en favor de uno: el que hizo el fraude, es liderado por la embajadora argentina en Venezuela y tiene de abogado al mismo de Moyano y a la vez portavoz laboral del kirchnerismo en Diputados. El problema de los sofistas es cuando sus falacias comienzan a ser evidentes. Convencen cada vez menos, por mucho empeño que pongan.

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