Aníbal Daniel Zeballos:“El radicalismo no será de derecha, o no será radicalismo”

El afiliado radical tandilense Aníbal Daniel Zeballos envió a nuestra redacción una nota en la que hace referencia a la historia del radicalismo, recuerda la presidencia de Raúl Alfonsín y la frase que dijo en los 90, hoy a punto de ser vulnerada por su propio hijo, el candidato a presidente Ricardo Alfonsín.

La nota, dice textualmente, lo siguiente:

“A pocos días del infame golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, inicio de las calamidades más crueles en la Historia argentina, el dos veces Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, es llevado por las fuerzas armadas de la dictadura que se iniciaba, a la isla miserable de Martín García”.

“En el largo tiempo que le tocó ser prisionero hasta su “repatriación” para morir, enfermo y en la pobreza absoluta en el Buenos Aires de 1933, escribió sin titubear innumerables cartas a la Corte Suprema de la Nación refutando de manera lapidaria los supuestos “crímenes contra la patria” que le imputaban…”.

“Impulsor directo de las medidas y transformaciones más revolucionarias como el Código Nacional del Trabajo y fundamentalmente la Ley de Nacionalización y Monopolio por YPF del petróleo argentino, adelantándose y en consonancia con la misma medida en el México de Lázaro Cárdenas”.

“Yrigoyen, el creador del radicalismo, marcaba las pautas y la línea ideológica a seguir…”.

“El, el Hombre o don Hipólito como lo denominarían respetuosamente las masas populares, calificaba a las huestes y fuerzas conservadoras que habían gobernado el país desde 1862 hasta 1916 como oligarquías retrógradas, falaces y descreídas”.

“A la muerte del líder en julio de 1933, el radicalismo entró en una vorágine de disolución de la cual pudo empezar a recuperarse lentamente en la década de 1960, con Arturo Illia y Ricardo Balbín a la cabeza. La historia es conocida, o no, vale la pena recordar algunos aspectos”.

“Raúl Ricardo Alfonsín comienza a partir de 1983 a encarar una transformación sin límites fijos, enfrentándose en una verdadera acción revolucionaria contra todos los factores de poder establecidos, los cuales se cobrarían su deuda implacable una y otra vez, para culminar en los días de 1989”.

“Pero es en la década de 1990 cuando la Patria y el Estado Nacional desaparecen una vez más. Y en esa mesiánica y aniquiladora tarea inversa a todos los intereses sanos del país argentino. Pocas voces se hicieron oír para defenestrar tal situación. Una de ellas fue precisamente la de Raúl Alfonsín, que entre sus innumerables batallas contra el menemato, a mediados de los noventa lanzó con toda la fuerza la frase que encabeza este manifiesto: “¡el radicalismo no será de derecha o no será radicalismo!”.

“Su hijo, legítimo candidato a la Presidencia de la República, está a punto de cometer (o ya lo hizo) otra vez y quizá el MAYOR SUICIDIO POLITICO QUE SE TENGA MEMORIA”.

“En términos estrictamente electorales el caudal que “promete” la fuerza de derecha titulada “De Narváez” se esfumó literalmente desde dos años a esta parte. Y eso sería discutible, pero lo indiscutible es el terrible precio político y social que se va a pagar desde el radicalismo para el país, el cual no va a aceptar de ninguna manera esa componenda y va a condenar al radicalismo una vez más a la cuasi desaparición como fuerza política y razón de ser de la Argentina. Precisamente por la traición a los parámetros concretos esbozados más arriba”.

Tal “componenda” con los sectores oligárquicos y de indescifrable procedencia, va a reducir al Radicalismo a un papel lamentable de “sainete” del siglo XXI, que no encontrará apoyo ni respuesta en los sectores populares y a la vez provocará un éxodo terminal de los sectores progresistas que, a pesar de todas las cosas, aún continúan, como es mi caso, apoyando a la Unión Cívica Radical”.

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