"El amor existe a esta edad, lo que no sabía es que se siente tan fuerte"

"El amor existe a esta edad, lo que no sabía es que se siente tan fuerte"
Son las palabras con las que definió sus sentimientos Aurelio, de 88 años, quien se casará con Yolanda, de 79, este viernes 17 de mayo. Están juntos por amor, tienen planes, sueños y están tomados de la mano todo el tiempo como adolescentes.
Un hombre y una mujer cuentan, tomados de la mano, sus planes para el futuro. Hablan de viajes, de la decoración del hogar de casados; por ejemplo, ella dice que lo llenará de plantas. Ambos aseguran que el amor que sienten y han descubierto es muy fuerte. Están ilusionados por lo que están a punto de comenzar a vivir (juntos). A los ochenta años los sueños parecen existir, porque esta pareja es de ancianos y están a punto de casarse.

La ceremonia por civil es este viernes 17 de mayo. Yolanda Arijlla (79) y Aurelio Ángel García (88) se presentarán en el Registro Civil de Guaymallén para formalizar ante la ley el enlace por “a mi eso del concubinato nunca me gustó”, sentenció Aurelio.

Durante la entrevista no se soltaron las manos ni un instante. Están sonrientes todo el tiempo y cuentan que eligieron el viernes para casarse porque ese día Yolanda cumple 80 años. Al otro día habrá un almuerzo, ceremonia religiosa y fiesta en Lunlunta, Maipú.

Contaron que se conocieron en abril de 2011. Marcela, la hija de Yolanda, contó que Aurelio al ver por primera vez a su madre: “Esta es la mujer con la que quiero pasar el resto de mis días”. Y tal es así que lo intentó desde ese momento pero su futura esposa no se decidía.

Se habían conocido gracias a una amiga en común, puesto que Aurelio se había mudado desde Maipú al barrio Unimev, en Guaymallén, y comenzaron a ser vecinos. Iniciaron charlas, reuniones y la situación avanzó. A los dos meses Yolanda se fue a España a visitar a sus dos hijos varones que viven allá y regresó el pasado noviembre de 2012. Al llegar a la Argentina, él le propuso decididamente casamiento.

Ambos se sentaron en un sillón en la casa de su hija y comenzaron a contar su historia.

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