Un comedor comunitario que funciona desde hace cuatro años en el asentamiento La Arboleda de Bernal Oeste corre riesgo de cerrar por las amenazas y agresiones que recibe la familia que lo maneja de parte de un vecino que, según denuncian, buscaría tener el control de todas las actividades del barrio. Francisco Pereyra, encargado del comedor Changuitos Felices que funcina en Monseñor D'Andrea 2164, asegura que el domingo a la medianoche el agresor ,un hombre que tendría parientes dentro de la Policía y la Gendarmería, intentó ingresar a la casilla donde se entregan las copas de leche y las cenas para intimidar a la familia, pero un lugareño lo impidió. Se trataría del mismo sujeto que en diciembre golpeó con una maza a su hermano, dejándolo en coma durante 20 días por las múltiples fracturas de cráneo que sufrió. Pereyra se reunió esta semana con el titular de la comisaría quinta, Adrián Urrejola, quien se comprometió a brindarle protección a él, a su mujer Luján, y a las dos hijas de 9 y 10 años que viven en un sector de la vivienda donde funciona el comedor. La posibilidad de que las nenas estén en riesgo hace al matrimonio analizar la idea de cerrar el comedor, donde unas 80 personas –la mayoría menores- recibe la merienda y la cena al menos tres veces por semana. Sin embargo, esa incertidumbre no le impide a Francisco continuar adelante con la construcción de distintos sectores del comedor donde, según planea, podrían dormir algunos vecinos o permanecer durante el día a resguardo cuando sea necesario. En efecto, con la ayuda de familiares y la colaboración de distintos vecinos y comercios que aportaron los materiales, se construye una habitación que será destinada a distintos usos, dependiendo de las necesidades de los lugareños. Otra de las iniciativas es la posibilidad de contar con un lugar donde funcione una panadería, donde los chicos podrían aprender a cocinar pan y otros productos. Changuitos Felices no recibe ningún subsidio estatal ni donaciones del Municipio, lo que hace muy difícil el trabajo diario de Francisco y de Luján, la única cocinera del comedor. Se sostiene gracias a la colaboración de los vecinos, comerciantes y empresas como Pastas Noralí, que aportan los alimentos que se necesitan para las meriendas, las cenas y las viandas que se llevan los beneficiarios del comedor.
Sin transporte
Los últimos meses no han sido buenos para el matrimonio, que sufrió un accidente cuando se trasladaba en moto. Francisco, que es profesor de folclore y realiza trabajos de carpintería y de albañilería, resultó con una de las muñecas de sus manos quebrada y la moto quedó secuestrada en la comisaría. Por este motivo Francisco no puede trabajar y tampoco pueden ir a buscar las donaciones que realizan los vecinos, lo cual se convirtió en una nueva traba para el funcionamiento del comedor.
Sigue el trabajo
Por ahora, se siguen entregando las copas de leche y las cenas tres veces a la semana en condiciones precarias, pero con una gran aceptación de los vecinos del asentamiento La Arboleda, que son concientes del arduo trabajo del matrimonio y de la gran ayuda que significa para la zona. La asistencia no es solo alimentaria, ya que Francisco y Luján están pendientes de los problemas de quienes asisten al comedor y buscan ayudarlos, como de hecho sucedió con un adolescente que logró alejarse del paco y ahora lleva una vida digna. Por último, el matrimonio pidió ayuda para evitar las inundaciones que se producen con cada lluvia. Tras un reclamo a través de los medios, recibieron dos caños de gran tamaño de parte de la Municipalidad, pero aún no fueron instalados. Quienes puedan colaborar con alimentos o ropa, pueden acercarse hasta el comedor, comunicarse al 4270-6115 o ponerse en contacto con la página de Facebook Changuitos-Felices.
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