El ex intendente capitalino culpó a la Provincia porque por el “ahogo financiero” no pudo concluir obras y proyectos clave
¿Cómo será el primer día sin venir a la intendencia? “No sé”. Silencio. Labios apretados y saliva atorada en la garganta. “Será difícil, pero habrá que encararlo”.Un trago de agua. Mejor dos. Una sonrisa tenue. Mañana será el primer día deDomingo Amaya fuera del municipio de San Miguel de Tucumán. Desde hoy, la palabra “ex” se antepondrá a la de intendente cuando se lo mencione. Después de una docena de años, será reemplazado por su secretario de Gobierno y “amigo” Germán Alfaro. Tras separarse del alperovichismo, ambos integraron este año junto al radical José Cano el opositor Acuerdo para el Bicentenario (ApB). Amaya recibió a LA GACETA ayer en su despacho, del que ya había sacado portarretratos y efectos personales. “¡Uno junta muchas cosas en 12 años! Ya limpiamos”, comenta para explicar el vacío de los estantes. La charla, fluctuó de la nostalgia al enojo y de la alegría a la desazón.
- ¿Y ahora qué será de su futuro político?
- Concluyo 12 años de trabajo y se producen muchas sensaciones. Siento nostalgia y felicidad por cumplir objetivos y por el reconocimiento de la gente. Esto me da mucha fuerza y esperanza para seguir trabajando en política. Podría haber sido candidato a un cargo nacional, pero me importó más Tucumán. No quería dilapidar esfuerzos para buscar un cargo. Muchos están en política por el cargo y no se trata de eso, tiene que servir para estar al servicio de la gente. Hoy salgo de la función. Ya veré cómo comienzo a trabajar políticamente, porque quiero ser diputado nacional en 2017, dentro del espacio.
- ¿Se va conforme?
- No puedo decir que me voy conforme. Hay cosas con las que cumplí, pero hay muchas que no llegué a hacer. Siento satisfacción de haber concretado mejoras que en 50 años no se hicieron. Cuando llegamos, por ejemplo, había 78 semáforos y hoy hay 1.250 y una central inteligente. Terminamos de cablear la fibra óptica y el día de mañana está será una ciudad digital. Rompimos muchas asimetrías con las obras. Con avenidas integramos a 350.000 vecinos. No pudimos concluir algunos proyectos del programa de la ciudad histórica, pero avanzamos bastante en contar la historia en el espacio público. Hay mucho para hacer, pero si no se planifica y se trabaja solo coyunturalmente Tucumán seguirá en lo mismo.
- ¿Qué municipio le deja a su sucesor Alfaro?
- El municipio tenía quebrada su institucionalidad, ahora es fuerte. Es previsible y está equipado. Se ha recuperado el patrimonio y el orgullo de los trabajadores. Me siento feliz de que sea él quien venga, un hombre que ama esto. Podrá hacer frente a lo que se planifique. No como nosotros, que estuvimos 12 años ahogados financieramente por la mezquindad política del gobernante. Ojalá haga una mejor gestión, es muy inteligente y es mi amigo.
- ¿Le dio consejos?
- No. Si en algún momento los necesita, me los pedirá. Viene trabajando a la par mía. Ahora está armando su equipo. Es un gran político. Hicimos una buena dupla. El aprendió mucho de gestión y ejecución. Yo tuve la tranquilidad de hacer las cosas institucionales gracias al apoyo político suyo. Será un muy buen intendente porque quiere esto y cuando uno ama algo lo cuida, se dedica y trabaja.
- ¿La mala relación con la Provincia limitó la autonomía?
- Lógico. Tuvimos que devolver semejante cantidad de dinero de deudas anteriores que no habíamos contraído. Este año fueron $ 400 millones. En carpeta teníamos dos proyectos: un centro cultural en la calle Buenos Aires y un centro de control y monitoreo del transporte público. No contamos con recursos y a la Provincia no le hacía mella ese dinero. Los vecinos fueron perjudicados.
- Formó parte del alperovichismo más de 10 años ¿Se arrepiente de eso?
- No, no me arrepiento. Nunca fui obsecuente. Mi lealtad es con la gente. Cuando se cortó el diálogo, no quedó nada para hacer ahí. No siempre tenés que estar de acuerdo. Perón decía que cuando en una mesa había dos que pensaban lo mismo, había obsecuencia. Yo siempre daba mi punto de vista, podría estar equivocado pero tenía mis razones y las manifestaba. Cuando eso no se permitió porque unilateralmente se tomaban las decisiones, dije ‘qué hago acá’. Alperovich cree que es dueño de todo. Y no, es un político que tiene que entender que en la política se puede pensar distinto sin ser enemigos.
- ¿Se sintió agredido después de las convulsionadas elecciones?
- Camino tranquilo por la calle. Hay sectores que no conocen otra forma de hacer política que no sea por la agresión. Me dolió esta situación, pero el cariño de la gente fortalece. La gente que se esconde tras pegatinas y la oscuridad no tiene la capacidad de debatir. Aquí falta debate político. Por eso hice un acuerdo con Cano porque conversamos y nos pusimos de acuerdo. El seguirá siendo radical y yo peronista y trabajaremos juntos.



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