Por Juan Manuel AsísAún no llegó el tiempo de las definiciones políticas; todavía se transita el de las señales de humo, el de los mensajes cifrados que se envían para que otros los decodifiquen, en el propio espacio o en el terreno ajeno. Son épocas de “amagues”, de fintas, de “visteo” a lo Nicolino Locche.
Para estos “paladares negros” del gobernador, un movimiento notable hubiera sido que Amaya mostrara a su lado a legisladores y referentes territoriales de la capital y del interior. Es una forma de tratar de minimizar la jugada política del amayismo, que apunta a dos sectores: al peronismo y al radicalismo. Al primero diciéndole aquí hay cabida para todos los olvidados y los que creen que está en marcha un proyecto de recambio en 2015. A los segundos porque el gesto en sí es una movida para decir que no son lo mismo que los alperovichistas. Y así parece que se entendió por el lado de los hombres de Alem.
Alcanza una anécdota, más allá de la presencia del edil radical Avignone en el acto. Uno de los que asumió funciones, Juan Carlos Ramírez (ex secretario del Interior de la gestión de Ramón Ortega), escribió en su cuenta de Facebook: “ayudaremos a fortificar el liderazgo del intendente Amaya y a la construcción de un espacio democrático, frentista, moderno y a que reconstruya el entusiasmo y la esperanza de que se puede hacer política con eficiencia y pautas éticas”. No cabía esperar que frente a tal declaración de principios aparezcan los “me gusta” de alperovichistas; pero sí se incorporó en la lista de saludos el diputado radical José Manuel Cano. “Mucha suerte”, le escribió en la cuenta del nuevo secretario de Relaciones Institucionales del municipio.
¿Debe llamar la atención? Tal vez el parlamentario “entendió” el mensaje que quiere dejar trascender el amayismo con este tipo de ceremonias institucionales con trasfondo político. En el edificio de 9 de Julio y Lavalle elucubran la siguiente hipótesis: hoy por hoy, son tres los referentes que se disputan los votos, las preferencias y que capitalizan un caudal político con vista al año electoral que se viene: Alperovich, Amaya y Cano. O se enfrentan entre sí o por lo menos dos de ellos pactan un acuerdo de mutuo entendimiento. ¿Entre quiénes? ¿Entre peronistas o entre un peronista y un radical? Las opciones no son múltiples, obvio.
En este marco se puede interpretar que las señales del amayismo son para ambos bandos diciendo que con él en el grupo, se gana. Claro, en la Casa de Gobierno han hecho su propia lectura: “está presionando para arreglar, pero no le alcanza ni para el segundo lugar”, advierten, al tiempo que sostienen que la imagen de peronización que intentó dar el jefe comunal llegó 11 años tarde. ¿Amaya-Cano?, más que una posibilidad suena a advertencia, o amenaza, del amayismo al alperovichismo. Pero, todas son señales de humo, todavía hay márgenes para acomodamientos y nuevos sucesos políticos. Por ejemplo, desde el amayismo se intentaría realizar un acto parecido a la incorporación reciente, pero con gente “independiente”, para mostrar una cara aperturista, o frentista.
El alperovichismo también tiene tiempo para sus jugadas, que deberán venir por el lado de la gestión para sorprender y retomar la casilla del medio. Ya empezó con la puesta en marcha de un plan de seguridad y se viene el plan quinquenal. Lo próximo, mucho más adelante, será improvisar algún candidato nuevo para sucederlo. Falta tiempo todavía para las sorpresas y para comprobar la efectividad de los planes en acción.



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