Alvaro Pérez Acosta no se da por vencido

Alvaro Pérez Acosta no se da por vencido
Su sueño es volver a caminar. Para eso trabaja en rehabilitación con kinesiólogos y en equinoterapia. Mientras tanto, escribió un libro sobre su experiencia y quiere publicarlo

Cae la tarde en la Rinconada, y el sol anaranjado casi se puede tocar con la mano. En la avenida Solano Vera al 1.000 los caballos de la Fundación Minka caminan despacito y ayudan a muchos. A Álvaro Pérez Acosta lo apean de Mimoso, que lo hizo pasear durante media hora.

"El sombrero de cuero negro se lo trajo su hermana de Córdoba", explica Sara Lía, la madre.

- ¿Cómo andás?

- Yo ando bien. Cuando duermo, duermo con Dios, pero ellos no deben dormir.

-¿Cuántos años tenés?

- Veintidós (no le gusta decir la edad). Se ríe y nos hace reír.

- ¿Escribiste un libro? ¿Qué contás?

- Mis memorias. A mí, cuando me golpearon, no pude defenderme, pero con el libro sí me defiendo. Ayudame...

- ¡Claro! ¡Hay que publicarlo!¿Cómo es venir a equinoterapia?

- Me ayuda mucho. Cuando el caballo va caminando me ayuda a mover las piernas.

- Te sienta bien...

- Yo no me doy por vencido. Estira la mano como para saludar y 'hace oso'...

- ¿Qué fue lo que más te dolió?

- A mí no me dolieron los golpes. Me dolieron los golpes del alma. A mí me robaron mucho, menos el amor.

- ¿Qué música te gusta?

- El folclore. Se escucha una zamba.- Dice un piropo solemne y se ríe.

- ¡Más respeto!

- Mi mamá, cuando era chico, me enseñó que a las mujeres hay que respetarlas. A mí cuando me golpearon no respetaron a mi novia.

- ¿Perdonaste?

- A los que me golpearon los perdoné, pero no a mis amigos que estaban cerca y no me defendieron.

- Me roba el grabador... - ¡Era una broma!

- ¿Cómo se porta Diego?

- ¡De diez!

Diego Taboada asiste a Álvaro: "él ya había empezado a caminar, con ayuda. Desde que viene acá hace más movimientos, se mantiene erguido; evolucionó un montón".

A cada lado de la silla de ruedas, la madre y el asistente ayudaron a entender cada frase que dijo Álvaro a través de diferentes sonidos porque él aún no ha recuperado el habla. No incluimos sus chistes, pero sí su poema. "La amistad/ es grande/ como el sol/ y brillante/ como las estrellas./ Tiene muchos colores/ como el arcoiris./ Lo importante/ es la belleza del alma./ Cuando uno/ busca la belleza del alma/ busca a Dios.

"Contagia sus ganas de ser independiente"

"Rolando Nasser, kinesiólogo especialista en Neurorehabilitación, trata a Pérez Acosta. A los avances que él logró desde 2010, se suman los beneficios de la equinoterapia. "Observo que físicamente ha mejorado la disociación, es decir que activó el tronco, que está más firme (de cabeza hasta cintura), y el movimiento del caballo le ayuda a estimular la marcha -señaló-. Con asistencia de andador logramos que dé pasos. Para nosotros son logros inmensos, dada la gravedad de la lesión. Es impresionante la fuerza de voluntad que pone en cada sesión. Es un ejemplo, sobre todo a quienes estamos en rehabilitación nos enseña que hay que poner el hombro día a día. Contagia sus ganas de ser independiente".

Andar a caballo, como una terapia

Álvaro llega en silla de ruedas, por una rampa, hasta una plataforma de la altura cómoda para montar a Mimoso. Entre bromas -y entre varios voluntarios- ayudan y el jinete parte, contento, acompañado por su asistente, Florencia de Zavalía.

Mientras ellos pasean, tranquilos y escoltados, Manuel Sancho Miñano, coordinador de la Fundación Minka, explica: "Álvaro viene desde marzo, una vez por semana, y en media hora hace un recorrido de dos km. Desde los primeros días se adaptó bien. Trabajamos en coordinación con el kinesiólogo (Rolando Nasser), que evalúa el impacto de la equinoterapia. Ha tenido una evolución importante. Nos está sorprendiendo".

Andar a caballo favorece una cantidad de movimientos que había perdido a causa de las lesiones graves que sufrió. Sancho Miñano dice que la idea es que refuerce su tonicidad muscular, que pueda sostener mejor el tronco y la cabeza en el momento en que pueda llegar a caminar.

"A cada paso del caballo se mueven las piernas, la cadera, el 100 % del cuerpo -apunta-. Es bueno poder ir recuperando movimientos y engranajes que vuelven a moverse, y de paso la pasa bien, se divierte y se entretiene".

"Analizamos los dolores que puede generarle el ejercicio y las elongaciones. Vamos evaluando y regulando el tiempo. Empezó con 10' y gradualmente fue aumentando. Se cansa mucho, la idea es que se reponga durante la semana", detalla.

Servidores

Con respecto a los caballos, cada paciente no monta uno solo sino que varían según el día. Son animales muy especiales, y no están todos los días iguales; son todos dóciles pero pueden estar ansiosos, enojados o molestos. Tienen un abanico de expresiones y sentimientos que varían. Sancho Miñano cuenta que Álvaro monta a Mimoso porque es accesible, tiene buen traslado y es el más alto, transmite mejor los movimientos, las vibraciones y los impulsos.

Solidarios

En quichua, minka era el lugar en el que los incas se juntaban y resolvían problemas de la comunidad de manera conjunta. La Fundación Minka trabaja desde hace años por la inclusión de las personas con discapacidad. La preside Leila Abdala, que conduce los talleres en calle Buenos Aires al 100, en capital. En tanto Sancho Miñano se ocupa de la equinoterapia y de la huerta, en la sede de la Rinconada, que recibe a más de 50 chicos con problemas motores. La equinoterapia consiste en usar el caballo como una herramienta, que mueve a la persona a la que traslada. Florencia de Zavalía (21 años) es voluntaria desde que tenía 15 años. Estudia educación especial. Entró en Minka porque tiene un hermanito con discapacidad. Ahora ya está trabajando tres veces por semana. Ella se ocupa de manejar el caballo; sabe qué chico va con qué animal. "No conocía el mundo de la discapacidad, me gustó, empecé la carrera y el año que viene me recibo -comenta-. Ayudar te da mucho más de lo que uno da. Yo pensaba, 'voy a colaborar un poco', y terminé valorando la realidad de vida de los chicos. Ves cómo la luchan día a día, y te hacen dar cuenta de cuántas nimiedades nos quejamos".

El caso

Hace 17 años lo esperaron a la salida de un boliche y lo golpearon salvajemente

En la madrugada del sábado 27 de julio de 1996, Alvaro Pérez Acosta, de 23 años, fue brutalmente golpeado, a la salida del boliche Bulldog.

En el caso fueron imputados los hermanos Cristian y Fabián Jensen, que en ese entonces tenían 22 y 18 años. La investigación del fiscal Héctor Abraham Musi concluyó que Fabián había intentado sacar a bailar a la novia de Alvaro, Flavia Maldonado. Como la joven se negó, los hermanos esperaron a que la pareja se retirara y golpearon al muchacho.

En un principio, la causa fue caratulada "Lesiones graves agravadas por alevosía".

La víctima quedó en grave estado y, tras pasar 72 días internado, fue trasladado en estado de coma a su casa. Luego fue llevado a Cuba, donde se sometió a un tratamiento de rehabilitación por las severas lesiones neurológicas que sufrió.

En septiembre de 1997 los hermanos Jensen fueron condenados a ocho años de prisión cada uno, al ser hallados culpables del delito de lesiones gravísimas.

Después de cumplir la condena, según trascendidos, los hermanos abandonaron la provincia y se radicaron uno en Buenos Aires y el otro en el extranjero.

Necesitan ayuda para editar el lbro

"El libro es una forma de expresar lo que no pudo hablar ante la sociedad, decir que es un tipo inteligente. Allí cuenta cómo vivió su historia. Durante más de diez años iba escribiendo en un pizarrón blanco, y el papá lo iba pasando a la PC. Después de su muerte, encontré los textos y decidimos publicarlos", comentó Cecilia Pérez Acosta, hermana de Álvaro. Además de los textos de su hermano, ella aportará su visión como médica. Con lo que recauden piensan adaptar la casa para él. Ya disponen de un presupuesto para la edición de 1.000 ejemplares, a razón de $ 20 cada uno, y para eso necesitan ayuda. Quienes quieran colaborar pueden comunicarse vía Facebook o llamar al teléfono 4226039.

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