A través de un proyecto reunieron dinero para adquirir una motocarga y donarla a un carrero. El intercambio se realizó en el acto de fin de clases.
El joven carrero de barrio Yapeyú fue elegido por alumnos del quinto “A” para donarle una motocarga adquirida a la firma “Speed Limit” de Laboulaye, en el marco de un proyecto solidario que año tras año se elige en el colegio de avenida Sabatini, bajo la consigna: “Contra la violencia”. Una de las propuestas de 2013 fue de Tomás Casañas, impulsando la erradicación de la tracción a sangre en la ciudad, la que fue aprobada y llevada adelante por sus compañeros.
Los estudiantes se identificaron con la campaña de recolección de 20 mil firmas que reunió la Fundación Sin Estribo y presentó un proyecto por iniciativa popular para poner fin al uso de la tracción a sangre. Y el 24 de octubre, los chicos del Taborin participaron del “abrazo simbólico a la Municipalidad”, impulsado por la fundación que preside Andrea Heredia de Olazábal.
“Vendíamos tortas, lavábamos autos, hicimos rifas y varias empresas nos apoyaron económicamente al enterarse de cual era el objetivo del proyecto. Los fabricantes de la motocarga no rebajaron mucho y así pudimos cumplir con nuestro sueño. Elegimos a Mariano Rodríguez porque pensamos que lo merecía por tratar bien a su caballo. En todo esta iniciativa contamos con el apoyo de Sin Estribo, la fundación que se hará cargo del caballo”, explica Tomás. El joven y sus compañeros hicieron posible el sueño del carrero Mariano, quien está de acuerdo en atacar la violencia contra los animales.
“No son todos, pero algunos maltratan a los caballos y no los dejan descansar un minuto. Yo sólo podía trabajar tres horas por día porque Nico no aguantaba más. Se que hay muchos carreros que se oponen a esto, que están en contra, pero es porque nadie les ha explicado como me lo explicaron a mi. Ahora, con la motocarga podré hacer varios viajes y ganar mucho más”, dice Mariano mientras se sube a la moto color rojo y toma el casco. A su lado están los chicos del Taborin que acarician a Nico.
Vanesa, la esposa, lagrimea emocionada mientras sostiene en sus brazos a Alma, la nena de siete meses. Priscila, la de 3 años, corretea alrededor. “Esto es algo que en realidad no tendrían que hacer los chicos del colegio, esto es responsabilidad del gobierno”, sostiene la joven madre que apuesta a un futuro mejor.
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