El secretario de Gestión Pública puja por licitar el servicio de mantenimiento para entregarlo a otro privado. El jefe de Gabinete quiere que lo tomen las cooperativas. Pero el radical mantiene una relación cada vez más tirante con el intendente platense.
En esa pelea se enfrentan, fundamentalmente, el secretario de Gestión Pública, Jorge Campanaro, y el jefe de Gabinete, Santiago Martorelli.
En política no suele haber casualidades. Y no las hay en este caso. Campanaro, que prefiere la elección de un privado para encargarle esta tarea, es el funcionario del gabinete municipal con contactos más fluidos en el mundo empresario. De hecho, fue el principal defensor de los intereses de los constructores y los emprendedores inmobiliarios durante la discusión del nuevo Código de Ordenamiento Urbano: desde adentro del Municipio fue su más entusiasta y eficiente lobista y finalmente logró reformas que potenciaron los negocios de esos sectores de la economía local.
Martorelli, en tanto, es el jefe local del Movimiento Evita, una organización social con fuerte inserción en las cooperativas de trabajo que colaboran en todo tipo de tareas de mantenimiento urbano (limpieza, pintura, zanjeo, etc.). La ecuación es sencilla: a más trabajo para las cooperativas, más poder y más tropa para el jefe de Gabinete. Las dos propuestas tienen problemas.
Para hacer una licitación, como propone Campanaro, no dan los tiempos. El contrato con Edelap se cae el 31 de mayo, es decir, el próximo lunes, con lo que en cinco días el Municipio debería elaborar los pliegos, ponerlos a la venta, recibir las propuestas de las empresas interesadas, evaluar sus antecedentes técnicos, comparar sus ofertas y elegir la más conveniente. Imposible. Por lo tanto, debería idear un sistema alternativo para una transición que no se extendería por menos de tres meses.
En tanto, la entrega del trabajo a una cooperativa aparece, a priori, como una apuesta de riesgo. Estas organizaciones no cuentan con la logística, el know how, ni trabajadores calificados como para brindar un servicio de alta complejidad y de gran envergadura, teniendo en cuenta que se trata del mantenimiento de una red de 70 mil luminarias y 350 cruces semaforizados.
Mal momento. No obstante, el secretario Campanaro llega a esta pulseada con el brazo debilitado. Su situación en el gabinete se ha tornado inestable por su desgastada relación con el intendente Bruera. Es más: fuentes de la intimidad del gabinete admitieron que las últimas han sido horas turbulentas en ese sentido. “Jorge y Pablo se cruzaron muy duro en estos días”, dijeron.
En rigor, el caso de Campanaro viene generando todo tipo de rumores desde hace ya un par de meses. Y en las últimas dos semanas las versiones cobraron fuerza hasta el punto de que se ha llegado a hablar de una posible salida del ex concejal del radicalismo, sea por propia decisión del funcionario, por pedido del jefe comunal o por encargo de terceros que considerarían que ya hizo su obra maestra (por el nuevo Código de Ordenamiento Urbano) y tendrían otras misiones para él, como por ejemplo reflotar un partido vecinalista que supo construir.
El agravamiento de las diferencias entre Bruera y Campanaro representaría, si derivase en el alejamiento del secretario más poderoso del equipo de colaboradores del alcalde, una severa crisis de gabinete y arrastraría a otros funcionarios que le responden, como su esposa, la secretaria de Modernización, Alejandra Sturzzenegger.


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